LA INVERNAL IV EDICIÓN JACA-STA CILIA

 

LA INVERNAL IV EDICIÓN JACA-STA CILIA -2019-

 

Bon giorno siñorinos.

Aquí, desde la seguridad y la confortabilidad que da el estar bajo el tejao, con calefacción, el alicatao hasta el techo, rodapiés y a salvo de la pandilla de ñus con la que me he juntado este fin de semana, tengo la sensación de haber pasado por una sesión de depilación.  Me encuentro manso, no tengo ganas de más bicicleta.  Como cantaba aquel grupo de heavy metal: “Llevo el ojete rojete”, etc, etc, etc.  No abundo en detalles, pero que os sirva como referencia; un orco como yo se ha tenido que dar crema de manos.  Estaban “aspras”.  Se me estaba atascando la piel por todos los lados y ya sabéis que ahora somos una especie sensible a los estímulos más delicados, por tanto, siguiendo la línea evolutiva debo avanzar en esa dirección y proyectarme hacia el sibaritismo y la primura.  O no.

El frío intenso que nos ha regalado esta segunda semana de enero nos ha “espabiliao” más que a un gato.  No es que en las fotos sonriéramos, no, es que se nos había congelado los pendientes y se nos había enganchado el morro.  –8ºC al punto de la mañana no da para muchas “tontás”.  Y aun con todo allí estuvimos.

Ya os digo, orcos de Mordor, gente de la Ribera del Ebro, Valle del Cierzo, de la cercana Comunidad Catalana, de Navarra, oscenses recalcitrantes, del mismo centro de Jaca, hasta de la zona del Jalón, por no enumerar toda la tipología de elementos no encuadrables en ninguna categoría comprensible al entendimiento “humaño”.  La cuestión es que acudieron a la llamada primitiva de las sendas que se ofrecieron desde la Val d’Aragón con la exclusiva finalidad de conocer uno de los enclaves privilegiados del Pirineo, con la intención de intentar elevar esta zona de Jaca a su máximo exponente en cuestión de enduro jabalinero y tomar conciencia de lo que se estaba trabajando por estos lares, que si bien no se le da mucho bombo y platillo, no por ello es menos importante que lo que se cuece en toda nuestra península (y allende las líneas fronterizas).

Así que en menos que canta un gato y a un par de llamadas de teléfono, se congregó una recua de 35 alicates con bicicleta que no dudaron lo más mínimo en calzarse los calzoncillos de cuello alto y tirarse al monte en brazos de un trío de degeneraos con más ganas de retorcerse por el monte que un bujarra con lombrices.  La confianza ciega es lo que tiene.  Por eso se os aprecia, porque estabais tranquilos y sabíais que os iba a satisfacer.

Hombre, calor, calor, calor, no hizo.  Más bien lo contrario, pero el presupuesto no nos daba para contratar buen tiempo.  Por eso se llama la Invernal.  De hecho en esta Cuarta Edición y con el propósito que os he referido anteriormente, se desarrolló en el entorno de Jaca-Sta Cilia, por sus sendas, por sus caminos de herradura, por su monte, sus cerros, sus cárcavas, sus históricos lugares que seguro han dejado huella en vuestra memoria y como no me he cansado de repetir:  “Que se quede grabado en vuestra retina ese lugar privilegiado, que no se olvide, y luego cuando comentéis lo que se vivió guardéis en vuestro interior esa sensación que identifique la ruta y el lugar, sus gentes y su historia”.

Ahora muchos de los participantes ya han madurado, lo han descubierto porque se han puesto la bufanda sin que nadie se lo haya dicho.  La media de edad (salvo de las mozas) no eran precisamente baja.  Había personal con más kilómetros en sus patas que la cafetera del Virginiano. Buscaban algo más, un toque de calidad, de diferenciación.  Y yo creo que lo han encontrado.  De hecho, el mismo sábado en el punto de partida publicado nos concentramos todos y en un suspiro organizamos los coches para iniciar la ruta. Esto es síntoma de predisposición a lo que se nos vendría encima.  Mucha ansia se respiraba en el ambiente y mucho “pinta” con ganas de meterse los más de 1300 metros de desnivel de invierno entre pecho y espalda.  Así que no hizo falta mucha preparación.  Un par de comentarios generales, una salida con parrilla y semáforo y al salitre.

Pistoletazo y patapúm p’arriba.  Calentando, calentando nos fuimos metiendo al bosque y de allí al Cúculo.  Unos retratos y unas risas, unos comentarios y abrazos (porque el personal pensaba que por subir a lo más alto no iba a sufrir más, jajajaja).  Faltaba más chorizo de lo que pensaban.  Iban a pasar todavía más miedo que si las madres se hubieran instalado el whatsapp en sus móviles para controlarlos.

Así las cosas, llegamos a la pradera después de una vuelta por los cepos.  Y de aquí a la zona baja para llegarnos hasta Atarés.  Hasta aquí cero inconvenientes, nada de accidentes y todo como la seda.  Bien peinados, bien retratados e incluso haciendo poses para salir bien retratado.  Es lo que tiene ser mediático. 

En el pueblo, ya abajo, seguíamos dando instrucciones del tipo: “No os preocupéis, está hecho, falta poco”.  Lo mismo que si Gaudí se compromete a acabar la Sagrada Familia en 2 semanas, 3 a lo sumo. Casi seguro.  Faltaba un empentón para arriba y acabar con una de las maravillas de la zona baja, La Torre del Moro, versión “flow trail”.

Risas, setings, ajustes varios y calzados para la ocasión, había que bajar la senda a ritmo de salsa.  Habíamos hecho muchos km como para despreciar estos senderos entre hayas, vegetación que casi no te permite ver, ramas, lianas, tarzán, monos, (bueno no, que hacía frío), hielo y ……..más trampas que en una película de chinos para aderezar la conducción.  “A sac” que dicen los del Este.  Nervio y ansia y una velocidad infernal senda abajo, sobre las hierbas y el musgo, deslizando más que una coja en el baile.  El control se hacía casi imposible, pero eso era precisamente lo que queríamos, salir de la zona de confort.  Y se consiguió.

 

De hecho, hay una “filmanda” como ejemplo, que ilustra perfectamente lo sucedido.

 

 

 

   Pero esto no fue todo, ya en los coches, en la entrada del Boalar, nos esperaba la “bola extra”.  El grupo se había portado muy bien, había habido 0 bajas, todo en orden, aunque ya había compañeros que lo dejarían aquí.  Habían tenido suficiente o simplemente se bajaban de la bici.  Así que tocaba continuar para bingo con el resto del personal.  No problema.  P’arriba.  Súbete la pista, “esquerosa”, muy pina, con pulsaciones en el reloj que no sabíamos ni contar, pero que no dejaba lugar a dudas.  No podías equivocarte ni queriendo.  Arriesgando las últimas calorías en persecución de la bajada infinita, del Ying, de lo mejor prometido en una bajada apoteósica que dejara un sabor de boca acorde con la ruta y dispuesto así para ser deleitado por los paladares más exquisitos.  Se acabó la pista.  Empieza la senda.  Carrascal, árboles, matojos y broza que incita a subir con esfuerzo, y a estas alturas de la ruta se hace “pestiñán”.  De repente una recompensa.  Justo en el balcón, sobre el valle, sobre las piedras, por el cordal superior el sendero complicado, precioso, muy técnico, los tramos expuestos te obligan a concentrarte en lo que has venido a hacer.  Sufrir.  Ciclar.  Disfrutar.  El aire sigue fluyendo helador, sobre nuestro aliento congelado pero la calor falta en los cuerpos y en las mentes.  Alguno empieza a ver su vida en diapositivas, ya que falta un tramo que desconoce y el coche está lejos.  Se encomienda a Sta Biela de Hollowtech y pide por su alma, mientras los demás se reparten las piezas de su bici, en silencio.  Se busca la última barrita, gominola, isostar o cualquier cosa que quite el dolor.  Ahora que caigo, ¿por qué se llaman anal-gésicos si se toma de manera oral?  Bueno que me despisto.  Estamos a punto de estar a punto.  Del inicio de la bajada.  La integral.  Lujo prometido que todos esperamos.

Un tercer grupo que nos habíamos quedado atrás para cerrar con seguridad toda la manada, inicia el descenso.  Me lanzo como una histérica senda abajo, ciclando con confianza por la caja del sendero, viendo pasar a velocidad absurda la vegetación, los saltos increíbles que están pergeñados sobre el relieve natural, las salidas al aire de forma intuitiva y natural de nuestras máquinas, siguiendo el camino de los taludes y los perfiles de peraltes marginales.  El musgo nos vigila, la humedad no permite muchos ”flirts”, no debes frenar y mucho menos en seco porque te calzas una “órdiga” del tamaño del sombrero de un picador.  Las manos han trabajado mucho, están heladas y aun con todo son necesarias porque el control es más que serio.  (Esto es de perogrullo, porque si no tuviéramos manos con qué nos íbamos a agarrar, ¿con el rabo prensil?).  Pues eso, patatum p’abajo.  Entre ponte bien y estate quieta las trampas en las curvas y el árbol en medio con una piedra que te promete un abrazo magistral para enviarte al hospital sin dudarlo.  Pero qué bien trazada está la caja para volar, correr, disfrutar, gritar y exudar adrenalina hasta rematar con un salto sobre el talud de salida que te dibuja la sonrisa tontuna cuando llegas abajo con los colegas.  Macho ¡qué bien!  Ya tenía ganas de esto, se decía.  Pero…..no habíamos acabado.

 

Faltaba el “half pipe” que dice el punto anglo.  No es nada.  Un tubo dentro del barranco aguarda tras una caída al vacío que inicia la parte final, un desgarro de placer, oiga, increíble zig-zag dentro del bosque encantado, del carrascal infinito, sobre tierra húmeda y hojarasca que protegen al elfo de turno agazapado en busca del biker que tenga un accidente, para así aprovecharse de él y dejarlo como a un Renault 8, y de paso curarle la escoliosis.  Esta es la vida en el bosque.  Dura y de oportunidad, por eso salimos de allí como alma que lleva el diablo y tras un par de saltos y subida por los “margines” la desembocadura final nos aguardaba por la derecha en forma de delta sobre el camino romano.  Chis pum.  Final.  Gozada.  Yo me siento realmente bien simplemente de recordar las caras de todos los que vi salir del bosque para juntarnos dispuestos a la conexión final.  Un auténtico lujo, sonriendo, abrazándonos, dejar fluir toda suerte de piropos a la senda y por ende a los aborígenes que les habíamos llevado.  Insisto, para mí el mejor regalo.  En el momento que salió el último, ya en el Camino de Santiago, un tramo pequeño por camino nos condujo de vuelta a los coches.  ¡Qué satisfacción, de verdad, qué tranquilidad!  Ni un accidente grave, pocas averías, algún susto, pero en general todo correcto.  ¿Se puede pedir algo más?  Creo que es suficiente regalo ver tantos compañeros abrazándose y haciendo el mico por la entrada al Boalar, y por supuesto compartiendo con nosotros su alegría por todo, por haber acabado, por haber hecho una ruta completa, de enduro de verdad, con subidas intensas, bajadas a muerte, tramos de conexión, bajadas por piedras como lavadoras, bosques de carrascal y otros de ensueño, senderos peligrosos y pistas “esquerosas” de conexión aunque totalmente necesarias… y sobre todo la “Bola Extra”, La Integral.

Y esto fue todo lo relativo al sábado, en cuestión de bicicletas.

 

 

El domingo nos fuimos a contemplar la Virgen de la Peña.  De inicio ya por el carrascal prometía ser una ruta bastante exigente.  La verdad es que íbamos “picados” del día anterior, pero con ganas.  Un poco de subida por pista asfaltada y de repente la creatividad nos llevó como por arte de magia a la pista final de subida al merendero.  Maravilloso sendero de desnivel constante.  Una joya.  Como no puede ser de otra manera visitamos la ermita y procedimos a bajar.

Unos cuantos bikers, aquí mismo decidimos bajar por el carrascal y el bosque directamente al Camping porque tendríamos suficiente ya, pero otros sin embargo decidieron aderezar la mañana con más kilómetros y pedal por las sendas y el bosque más próximo a Sta Cilia y al sendero de Binacua. 

Una vez concluida la fiesta y con bastante cansancio en las piernas no quedó otra que ducharse, pasarse el esparto y el fairy y ponerse hecho un “hombresico” para finalizar la jornada a base de una buena comida en El Bosque.

Poco más queda por contar, salvo las cosas que no deben contarse.  Así que disimulen vuesas mercedes si no han tenido bastante.  Con esto y un bizcocho………..no me seais guarros.

 

 

 

Como budista admiro las técnicas zen y la disciplina del tao, por ezo lo hago todo zentao y lo tomo todo con karma.  Me toca digerir todo el fin de semana y recuperar la paz y la tranquilidad.  Me lo he pasao como un crio.  Como dice mi colega: “Os quiero un huevo”.

 

Un placer haber compartido estos días con vosotros, mi agradecimiento personal a aquellos que os habéis esforzado más haciendo un viaje largo desde vuestras casas, al Agüelo, faro y referencia biker de esos jovenzanos que ven lo que les espera dentro de unos años y además lo ven con admiración, a los compañeros de fatigas que a través de amistades o por los medios de comunicación os habéis venido sin ninguna pereza, a la “Presidenta Nora” por la colaboración en la entrega de premios, a los colegas que siempre estáis ahí y a la mínima que se os comenta os apuntáis a un bombardeo, por supuesto a mi grupo habitual con el que comparto casi todos los fines de semana.  Aupa AS CIMAS.

 

Al grupo BTTAVA, que vino a pesar de que casi no había información y no sabían quién era este elemento peligroso que les citaba a una emboscada casi segura.  Fuerza valientes.

Un último bloque de agradecimientos destinado -aunque sea desvelar un poco a una persona que prefiero permanezca todavía en el anonimato- que cree en nosotros y que ha facilitado medios para que esto sea un evento de nivel plus, aportando ese toque de calidad con las imágenes y filmaciones que saldrán y que después serán un lujo para el paladar más exigente, gracias, un fuerte abrazo.  También al equipo de filmación, José Torres e Iván con el dron, al colega Alberto de Sta Cruz de las Seros que se volcó con nosotros de manera altruista, a VacacionesPirineos, que a través de Javier Buil ha sido un éxito clamoroso ya que ha puesto a disposición unas instalaciones de luxe al servicio de los vikingos del Norte con todo lujo de detalles y posibilidades de un nivel altísimo, aunque no hayamos tenido posibilidad de utilizarlas, al restaurante El Bosque, José y su esposa que han tenido paciencia infinita y fuerza para aguantar abiertos hasta que consumimos toda la bebida y conseguí llevarme a estos cierra-bares, al colega Roberto que siempre me echa un cable en la parte técnica y que nos hizo una promo digna de cualquier evento de alto nivel, a Adrián que me acompaña en todas las embarcadas con un nivel de implicación total y que además asume la dirección sin titubeo para que no os descontroléis; alguien tiene que llevar la vara de avellano, a Adrenalina, Diego, por su voluntad para hacer cosas y que aunque desafortunadamente se le torcieran por un problema familiar le deseamos pronta recuperación y le esperamos para la siguiente.

Un fuerte abrazo a todo tipo de pausers con bici de enduro que os gusta el barro y no pasáis una invernal por alto.

 

Para terminar a mi equipo de colegas aborígenes que sirven p’a to tipo de rotos y descoíos, del asunto, trabajadores incansables para el mundo del btt enduro, David y Gonzalo.  Muchas gracias pibes.  Sois la hostia, no cambiéis.

 

Siempre digo lo mismo cuando acaba una INVERNAL:  «No pienso preparar ni una más».  Luego salgo otra vez al monte y se me olvida.

 

 

 

 

 

Por cierto, ¡qué bien lo pasemos, cómo disfrutemos! ¿Y tú no estastes?

Nos vemos por las sendas, suerte.  Soy Tija, Lagar-Tija.

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