El Reyno de los Mallos

 

Aquí estoy muerto de frío.  Sufriendo locura transitoria porque no puedo salir al monte debido a una plasta del 15 que llevo desde el día de Reyes.  Unos nervios del demonio, un estrés que más que mono llevo simio.  Así que debido a estos y a otros menesteres voy a comunicarme con el mundo del montalbán por este medio.  Desde mi lugar de postración y duelo les comunico a todos vosotros-ustedes la alegría de poder haber salido por primera vez en el curso del año 2020, que ya se me está haciendo largo.

 

Volver a empezar, otra vez.  Una y otra vez.  Como un aguacero que al caer chapotea y vuelve a llover.  Ya no me dejo llevar, estoy viendo molinos, no sé lo que siento, ¿Cómo una cabra que quieren tirar del campanario?  No quiero.  Sonidos fuera, justo de tiempo.  Otra vez me arranco despacito, no necesito nada, ¿dónde voy?  ¿Dónde está el rebaño?  Mi bici.  Gensanta ¡qué disparidad!  Parece la peli de Apocalipsis Now.  Tendré que sintonizarme un poco para poder canalizar la información de forma que se entienda.  Por fin sabréis dónde hemos ido en la primera salida del año.  Pues bien, me centro.  Ajuste y sintocino.

 

¡Qué bonito es el Reyno de los Mallos!  Debo declarar que me siento bien allí.  Es un placer rodar por valles y cárcavas de las sierras primeras más allá de la Hoya de Huesca.  Su barrera, sus increíbles colores ocres, el campo deja paso a la montaña, ya hay praderas, paisaje agreste.  Quiero mudarme aquí, vivir su libertad, sobre los mallos, en el río, navegar por el río con nombre del país vecino.  Me enfado por la ausencia que queda cuando me voy de Riglos, Murillo de Gállego, Morán, Ayerbe, Linás, Aniés, … y tantas poblaciones que dan cobijo a tan poca población.  Silbo pero no me alejo, sigo con su imagen en mi retina y su monte huele todavía a carrasca y roble, al boj y los cojines de monja que tanto agradan en su consabido masaje aragonés por las pantorrillas cuando pasas a su lado, a las mil flores silvestres que en sus faldas habitan.  Estoy melancólico.  Será por la niebla.

 

Quieto parao. Entro en cortocircoito.  Son demasiados abriles para estar desbocao.  Luego empezaré a darle al pedal.  Todo pasará y volveré a sulfatar de sudor la tierra y a generar calentamiento global.  Mi maltrecho corazón volverá a ver la alegría, el relente de la luz, las gotas de rocío y los colores naturales.  Aunque no sea nada, importa si se está, digo yo.   Tal vez sea un conjunto necesario con todos sus elementos.  Seré de mimbre y no de piedra.  A por todas.  Me doblaré antes de romper y retornaré a lo que me gusta.  ¡Viva la amoxicilina!

 

Ya pasó.  La hipoxia es así.  No respeta a naide.  Tenéis que rodar por la Sierra Caballera, por los Mallos de Riglos, por la zona de La Peña, descender por las sendas de Linás, Santa Marina, Loarre, Rasal, Bentué, etc, etc.  Son una auténtica delicia para cuerpo y mente.  Os lo voy a describir.

 

 

 

 

RIGLOS, PRIMERA DEL 2020. 

Aparcamiento de Riglos, frente a la Francesa. Allí estuvimos una horda vikinga que buscaba escapar de la influencia de la borrasca, buscando en el “meteoblue” las áreas de bonanza y dónde ciclar.  En la capital la gente se zurraba en los pantalones por la cantidad de días de niebla seguidos y entonces aquí, por fin descubrimos la luz del sol.  Bajo el Colorao.  Frente a Ruata y al amparo de los Mallos Pequeños.  Poco nos costó vestirnos y preparar los aperos.  Conectamos los stravas y a rodar.  Es curioso antes para vivir el btt bastaba con respirar, ahora, además hay que tener cobertura…grandes logros, proclamo.

 

Salida de la ruta.  Nada habitual, por la carretera.  Arrastro mi cuerpo escombro por los primeros metros en busca de aire.  Tras una pequeña maniobra de desorientación corregida por nuestro primo Adrián, nos metemos en la verdadera pista que nos cabalga hasta las rampas de los riscos de Os Fils.  Después de unos días de clinic por Bellestar se notan las ambars.  Llevo dos días sin beber (challenge) ….. o no.  Tiro menos que un puro de peseta.  ¡Cómo cuesta subir el desnivel!  La pista es muy agradable y en menos que canta un gato llegamos a la cadena y de ésta las primeras rampas “esquerosas”   Por fin un carasol al abrigo.  Allí con su protección y al calor de los tibios rayos del Astro nos deleitamos con el puro oxígeno.  Bueno, puro, puro, no sé, porque allí el tío Fon se clavó un way-point que se verá reflejado por siglos en muchos mapas de relieve, incluyo captado desde el satélite Soyut soviético y varios de control gps.  Corramos un tupido velo.

 

El buquet anal deja paso al olor a pino, a la humedad y el monte bajo con sus infinitas mezclas.  En nuestro periplo por los Mallos nos encontramos con varias entradas que descienden hacia el mismo sitio y es que suponemos que los aborígenes del lugar están trazando caminos o recuperando sendas con el fin de poder circular por el entorno, cosa que se agradece.  Nosotros seguimos el plan previsto de manera que bajo la ferrata nos dirigimos a la parte más escondida del Barranco de los Clérigos.  Una bajada sencilla y corta nos deja en la parte inferior para ascender, sin solución de continuidad por el barranco del mismo nombre a base de meter el riñón y tirar del ramal de la bici.

 

Hasta Santo Román.  Cosas del directo, que diría aquél.  Entre tanto, bromas y diversión para pasar semejante polvorón.  Hoy la ruta es corta, no tenemos ganas de forzar y a cambio le pedimos lo máximo, unas vistas dignas de la primera salida del año.  Así las cosas, no dejan más opción de subir a la espalda del Mallo Colorao.

 

Dicho y hecho.  Sumido en el mundo bovino, sin pensar, con el culo preto y los dientes rechinando ascendemos pedalada a pedalada hasta consumir las cuatro rampas duras que faltan para cerrar la ruta.  Un grupito de francesas nos contemplan desde su asiento esperando continuar su randonée mientras parten unos elementos a lomos de unas máquinas poco agradecidas hasta ahora.  Es duro remolcar una bici (y eso que son analógicas, nada de e-bikes).  Con poco más llegamos a la entrada de la senda de descenso por entre los mallos.  Lugar de encuentro, con otros amigos, de descanso en la pequeña pradera, parada habitual, de composición de ropajes y ajustes diversos.

 

Settings listos.  Me pongo las gafas de follar de cerca.  Todo listo.  Empezamos a rodar y los bujes notan como les empiezan a mandar mensajes los tapices de piedra.  Tira bujerrón, sufre, marca el terreno con más piedra que hierba.  Aguanta valiente que no te falta ná.  Vas a comprobar in situ lo que es una alfombra de bolos que te va a sacar los colores.  Con esto no digo ná y te lo digo tó.  Es una bajada limpia y rápida.  Si alguien lleva empastes, por favor, los dientes apretados para que se mantengan dentro.  Abrid las suspensiones y dejar que salga el flow.  Esto no es una bajada para mierders.  Aquí se agarra el manillar y soldao hasta los huesos.  Que Dios reparta suerte y ¡ay de aquel que guste del esculenwagen!  Porque no verá vuelta buena en una temporada.  Si aguantas hasta el final como un comando sufrirás, si no, te quedarás trambolico y no podrás decir que ha sido un día de peluquería.

 

Pero por partes.  Hasta el mirador. Gloriosa ensalada de piedras.  Y eso que la senda se mantenía bien.  Ahora toca posar para la posteridad y aportar el toque de glamour sobre una vista de ensueño.  Allí moviendo los brazos como si aparcaramos un avión nos retratábamos una pandilla de retarders que disfrutando de lo lindo dejamos honda mella en una pareja que no salía de su asombro ante tal despliegue de tontuna.  Supongo que pensaron: “A estos nos les han metido una solfa de tortazos en su vida”.  Pero es lo que tiene vivir en sociedad.

Al turrón. Enseguida bajamos por la senda circular que rodea en unprecioso paseo por las nubes disfrutando de la maravillosa trazada, jalonada por todo tipo de trampas.  Un placer de recorrido que deja manso al más pintao.  Y poco quiero decir aquí, salvo la tollina de Joselu que se dejó las costillas en una curva a izquierdas, porque es necesaria la peregrinación al santuario de la roca para consagrarse como endurero.  Si no la has hecho no eres nadie en el ambiente.  Llegada al abrevadero.  Punto final.  Apertura de la válvula GR y liberalización de los gases acumulados en el descenso.  Increíble.

 

Por fin un paseo agradable bajo los árboles nos lleva hasta la población y ya en Riglos directos al aparcamiento y a la terraza de la Francesa.  Una mesa redonda, flanqueada de desastres ecológicos en forma de bikers se dedica al consumo de cereal fermentado y la observación de escaladores.  Espectáculo grandioso afirmo.  Unas rondas después y con el bocadillo a pachas aportado en mitad de la mesa, el muladar queda satisfecho y a punto de pagar las birras.  Con lo que hemos comido y bebido y para lo que nos costó, sólo se puede pedir que el agua sea potable.  O sea, no os lo penséis.  A reponer fuerzas, a disfrutar y sobre todo …¿dónde vais a estar peor que en casa?

 

 

 

DATOS TÉCNICOS.

https://www.strava.com/activities/2981049536

https://es.wikiloc.com/rutas-mountain-bike/riglos-la-hoya-enduro-bike-2018-tc3-23006514

 

Suerte a todos.  Nos vemos en las sendas.  Soy Tija, Lagar Tija.

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