Despidiendo el verano

 

Corre, corre, que se acaba.

 

 

Banda sonora, del desorden psicológico y montalbanero del día.  Allá por octubre del año del Señor, 2018, de esta galaxia.

 

 

“Cada vez que me miro en el espejo todas las líneas de mi cara se aclaran.  El pasado se fue, pasó como el crepúsculo hacia el amanecer.  Sé que nadie sabe de dónde viene y hacia dónde va. Tienes que perder para saber cómo ganar.  La mitad de la vida está escrita en las estrellas.  Vive y aprende.  Todas las cosas vuelven a ti. Sueña tú mismo un sueño que se realizará”.

 

Hace días que no escribo una letra y ha llegado el momento de dar por concluido un verano lleno de energía y emociones.  Finalizada esta etapa empiezo la calenda de noviembre.  Llega el cambio del ciclo de la vida y del estilo de bici, también.  Es un placer vivir un día más, poder saborearlo con los amigos, subido en la máquina que tanto me hace sufrir y disfrutar.  Gozar todo lo que podáis, subir lo más alto que lleguéis, no dejéis pasar una pedalada porque no volverá.  El bosque está allí para nosotros, no desperdiciéis un ápice de aire en cosas banales, trivialidades que no aportan nada al espíritu.  Disfrutar como si no hubiera un mañana.

 

He pasado la temporada de verano inmerso en el senderismo, en la Collarada, el Aspe y montañas sin tanto empaque ni renombre, pero que han ofrecido su magnitud plena para deleite de un servidor; también rutas en bicicleta; variopintas, carretera, montaña, enduro, ciclomontañismo, en el fondo me da igual. Y por fin hemos llegado a finales de octubre para rematar el calendario con la ruta que me apetecía realizar.  Por muchos motivos.  El primero de ellos es que necesitaba ver el bosque mojado, sentir la humedad ambiental, el musgo, ese vacío entre las hayas que te promete un poco de frío detrás de la niebla, algo distinto e informe, sin líneas definidas.  El claro-oscuro de detrás de aquella curva, con una caída hacia el lecho del barranco que te lleva directo al torrente, frío y escandaloso, rugir del agua en los saltos de piedra.  Es la melodía más bonita que puedes escuchar cuando recorres mucha distancia y encuentras un paso para continuar tu trecho hacia el destino.  Es “El Paso del Norte”, Pass du Nord, la puerta hacia Biescas.

 

Y hasta aquí la “introito”, la amenazadora y esperanzada literatura que promete volverse “fisna y elegance”.  Error.  Insert coin.  Vamos p’allá.

 

Te cagas por la garrilla el rutón que nos metimos para colofón de: “la temporada de ….subirse las bragas como un store”.  Ya vale de calorín.  Ahora toca ponerse el refajo y los pantalones pretos.  Por eso y como vamos faltos de talento se convocó a la cita a los elementos más espesicos del contorno.  De todo pelaje, oiga.  Aquí aparecieron desde los irredentos bikers que jamás pisarán el asfalto hasta los más versátiles como una servidora que le da igual jota que bolero.  La cosa es salir.  ¿Dónde vais a estar peor que en casa?  Frase mítica del acervo biker.

 

Lo dicho, pim, pam, pum.  A Biescas.  El tío Tanano, aborigen del lugar, a más señas, fue el que nos descubrió, hace ya un tiempo, semejante paso y desde entonces se nos hace la boca gaseosa sólo de pensar en volver a cruzar esos lares.

El Club As Cimas, más bien su sección endulerda, se confabuló a través del “guasap” durante esta semana pasada para converger en el Valle de Tena y aportar 10 de sus más “curiosos especímenes”.  Alguno quedó en la recámara pero no se puede estar en todas, aunque yo sé de buena tinta que estarán rayando el suelo con los dientes, (a mí no me gusta hablar).

Pero a lo que voy vengo, una vez en canción y con los pertrechos ya en el coche, la cosa era hecha.  No había vuelta atrás, aunqueeeeeeeeeeeee tampoco queríamos otra opción.

Día D, hora (tarde para variar) y lugar Escarrilla, porque por falta de tiempo decidimos acortar la zona de Formigal a Sallent por la VP y rodear el pantano hasta llegar a la subida de la presa en Búbal.  Nuestra amiga “Norma Búbal” nos conducía con mano firme por los recónditos vericuetos de la maleza………….¡Bah, ni the fly!……por pista ancha, sarnosa, cuesta arriba, pina-pina que casi se nos sale el corazón por la boca, con rampucias “esquerosas” que nos hacían pensar en un par de kilómetros más y echar pie a tierra.  Gensanta.  Aquello no era un calentón, fue una socarrada.  En las piernas no teníamos venas, eran un pantalón de pana.  Totalmente dilataos (pero sólo de eso, porque alguna cedida ya venía de serie).  No me gusta hablar, pero lo comentaré a vuesas mercedes en otra ocasión.  Total, que quieras que no, llegamos arriba, después de un pequeño lapsus para comentar con un colega del tío Sherpa, encontrado al azar,  la recogida de “pie azul” en una cesta interesante de setas.

 

Bueno, llegamos a la primera cita.  Nuestra cota 1571m del altitud, sobre Panticosa.  Toca bajar.  Ahora es el momento hipoxia, chistes, burradas varias, citas, etc.  Una risión y vestidos de romanos nos disponemos a hacer de las nuestras por la senda.  Es increíble lo bonita que se presenta.  Simplemente la entrada tenía más trampas que una película de chinos: raíces, saltos, piedra mojada que te hacía menearte como la compresa de una coja y un sinfín de maleza agazapada sobre la rocalla viva.  Aberronchaos, ojos fuera de sus órbitas y una bajada digna de cualquier especial de las EWS.  Maravillosa zona poblada y técnica, muy técnica que al mínimo fallo te privaba de poder masticar la carne una buena temporada.  No es por exagerar, no, pero una tollina por esos escalones de piedra y se pelean los dientes por salir de la boca.  Bien de yerbín, bien de roderas y bien de aderezo.  Un placer para los sentidos.  Nuestra almorrana hablaba inglés.  El culo no tocaba el asiento ni para cambiar los pesos.  Eso es lo bueno de estas sendas tan ocultas, que no hay límite, “no pain, no gain”. 

Por fin abajo me miro la camiseta.  Totalmente empapada.  He sufrido y gozado a partes iguales.  Detrás de Javi y Tanano se me ha hecho corta y aun pisando raíces mojadas no soltábamos manillar ni frenábamos más de lo previsto.  Por si las “flies”.

Todo el personal llega sano y salvo a la primera zona de confort.  Algún grito, portería, comentarios sobre la técnica y más adrenalina que una peli del Rocko Sigfredi.  Quitémonos las protes, cambiemos la camiseta y preparémonos para subir por la …. Segunda del Día.

Hasta aquí no hay novedad.  Ahora viene cuando la matan.  Por las rampas de servicio, dirección Asnos, (no es a vosotros, es al ibón) nos quedan un par de mecagüend….en la mochila.  La verdad es que se atraganta.  Las primeras rampas, tiré junto con Miguel “Cirac” y Javi “Fuentes” a la vanguardia, pero parecía más una ladilla que un acompañante.  Justo fui a su lado, justito, justito.  Subieron fuerte.  Al poco Tanano y Fon, Ramiro, Jesús, Adrián, Sherpa, Javi y Manu, en nutrida manada.  Se imponía un descanso sobre la campa soleada.  ¿Descanso?  Poco me parece.  Aquí entra en juego el “jubileta” (según las malas lenguas) y haciendo agua en su mecánica del todo a 100, patilla out, recambio…………..jejejeje.  No problema, nos viene bien a todos.  Unos comentan la jugada, otros nos metemos en el barro a ver a quién se pela y entre unos y otros la sensatez se pierde en menos que canta un gato.

El tío Tarrino, en vista de la situación y dispuesto a todo, después de haber repasado a los ingenieros y otra chusma con la que convivimos, armado con la mochila Mc Guiver se dirige a pegarle un par de repasos a los técnicos que allí forcejeaban entre tornillos y giros de material diverso.  No faltan ánimos de los presentes para ver quién decía la burrada más gorda y entre vas y vienes que al final allí queda zanjado el asunto y puesta en servicio para solaz del interesado.  Bici reparada.  Conectemos el tdt y sintocinemos.  No toques más piezas…Seguimos por el bosque.  Dirección Búbal.

Ahora es necesario escalar por el sendero de Hoz. Maravilloso.  Yo, acoquinao iba.  De un momento a otro esperaba al enano que saltara de la margen del sendero para darme un susto.  Pero no fue así.  El susto me lo llevé yo al pisar una piedra mojada y casi arrearme un órdiga del tamaño el sombre de un picador.  Y entre ires y venires de unos tallos de hayas, porque no son árboles completos sino copas enterradas, nos presentamos en la salida a la pista de Sabocos.  Menudo tramo.  Aquí se suda hasta la goma del calzoncillo.  Duro, duro, duro.  Unas empujadas y ya está.  Sólo es lo que se ve, técnicamente está hecho.  Frasecicas piadosas que se dicen mirando al que está más joio que la pata un banco. Pero no quieres un final sosolaba.  Quieres más.  Y eso te espera.  Tanano en vanguardia, después nosotros.  El personal en tromba y ……..cagontxós.  ¡Pero este tío fabrica coches!  Frase mítica.  Lapidaria.  El tío Tarrino sentencia al Tanano sobre un comentario acerca de la herramienta:  “pretador de válvulas”.  Jodofloro.  Junto al estricador de nalgas, el condensador de fluzo y el yepador de estroncios ya no cabe mayor sofisticación técnica para una bicicleta.  Aquí se rompió el molde.  Pero no pasa nada.  Salimos de esta y nos metemos en otra.  Seguimos en senda.  Toca bajar las zetas de Tripilituero.  No hay mejor senda técnica para asediar, empujar y dejar tu impronta en la mente del vecino mientras le metes rueda en el “ojal” para que corra más.  Impresionante.

No caben más adjetivos a la segunda bajada.  Espectaluznante.  Aún nos queda una subida pero es “pecata minuta” la rampa que queda y puestos a joder, o todos. o pinchamos la muñeca.  Asín semos nusoltros, los payos.

Es un placer llegar al sendero del dolmen, ya en la pradera, bajo Sta Elena,  en el camino de Biescas.  Resta relajarse, disfrutar y dejar que el “Ojo de Mordor” recupere su forma achinada para conseguir llegar al Forato.  Henchidos de fervor biker, unidos en comunión y plenos de espíritu manguán nos abrazamos y …………déjate de tontás, nos fuimos a pedir unas jarras y una hamburguesa de buey que quitaban el sentío.  Impresionante.  P’habernos matao.  No sé si tiene estrellas michelín, pero están que te cagas por la patilla de lo güeñas que las hacen.  Si no te pringas hasta el codo, no disfrutas.  Desde el primer bocao notas como se te van taponando las arterias.  Puro placer p’al colesterol. Oro líquido para las arterias.

 

Menudo nivel Maribel.  Me lo he pasao pipa.  Me he asustado, he sufrido subiendo, he bebido como un camello, luego por fin he disfrutado y compartido con los colegas rozándonos más que una dinamo, en fin, un lujo de ruta y un placer haber hecho una ruta sencillica en cuanto a esfuerzo pero técnicamente completa en una agradable compañía, con un nivel de desorden intelectual similar al mío propio.

Que queréis más, no problemo, no accidentes, todos bien comidos y bien abrevaos.  “Forjados a fuego” que diría “Manu”.  En breves habrá novedades.  No os quedéis en casa.  Salid.  Embarraos.  Y sobre todo disfrutar.

Suerte a todos.  Nos vemos en las sendas.

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PIEDRAFITA et Le Pass du Nord

 

PIEDRAFITA y El Paso del Norte.

Es un placer volver a estar por aquí y más en esta época en la que estamos volviendo a salir a las rutas de más de una mañana.  Por fin podremos volver a ponernos la ropa de bici, ésa que se nos queda ajustada.  Ésa que ha sido trabajada por los duendecillos de dentro del armario y que te la han encogido.  Sí, sí, ésa que menos mal que es de lycra, pero que está más estirada que la cara de Sara Montiel.  En fin, al principio de este tiempo veraniego te pones en cabeza del pelotón de los colegas de bici de carretera y provoca que algunos vayan sonriendo y comentando porque lo que realmente piensan es que les quitas mejor el aire que una marquesina de autobús.  Pero todo es relativo.  Ahora hay que centrarse y bajar algún kilo si se puede y volver a ser los que éramos.  Por eso las rutas de ahora son más que buenas.  Al hilo de esto también se agradece que haya un puñado de colegas que se han dedicado últimamente a crear, recuperar, poner en conocimiento y sobre todo darle valor al patrimonio etnológico que supone el redescubrir nuestros senderos, los de nuestros mayores, los de siempre, los de herradura, los tradicionales a través de una labor de búsqueda oral y física, de limpieza y recuperación.  No debería caer en el olvido nuestro ingente legado, nuestra red de caminos tradicionales; y es por eso que la ruta que os voy a comentar se basa principalmente en la herencia de nuestros mayores.  Como nos decía nuestro colega Tanano: “Era el camino que hacía mi madre con el ganado para llegar al pueblo”.  Tal es el sendero de bajada y podéis haceros una idea de lo que os espera, pero…al tiempo.

 

Una vuelta por las dos faldas del valle. 

Empezamos el recorrido desde la plaza de Piedrafita.  Allí dejamos los coches después de una prolongada conversación en el Estacho, de Biescas.  Habíamos quedado para un café y puesta en común de las inquietudes ciclistas para el día en cuestión.  Después de desayunar opíparamente como mandan los cánones y las buenas costumbres, de enviar un fax preceptivo y de pillar wifi en el sitio indicado para ello.  Como colofón otro cafelito que levante el ánimo.  Llegamos a la conclusión de que sería bueno ver la última ruta que habían pergeñado el tío Andrés (de Biescas) y el tío Tanano (aborigen del lugar).  Dicho y hecho.  Con los coches nos desplazamos a Piedrafita y en menos que canta un gato nos pertrechamos con todos los aperos para la ruta.  La descripción fue somera:  Primero subimos al ibón y luego hacemos el Paso del Norte.  Bien.  Conocíamos la segunda parte, pero….

 

Una visita a la casa de la abuela y unas fotos nos meten en harina, hoy sería un día de reencuentros.  Casi, casi.  Un poco más de portería y salimos familia con los del lugar, claro, como no, las familias antes eran largas y pocos se quedaban en el lugar, así que se desperdigaban por el valle y más allá, y entre ponte bien y estate quieta, lo dicho.

Pero a lo que voy vengo.  Salida en bici.  Tira p’arriba por la pista de Lacuniacha.  Ya sabéis la que lleva al parque de los bichos.  Hasta llegar a la zona de la entrada al parque faunístico se lleva bien, luego el tramo de la entrada es bastante duro, pero luego suaviza bastante y es muy llevadero por la inclinación, sin contar con las vistas sobre la Partacúa.  Una delicia de subida.  Más pronto que tarde nos desviamos hacia el ibón de Piedrafita por un par de rampucias con inclinación de las que te ponen la almorrana a punto de nieve pero que no asustan mucho porque enseguida llegamos al ibón.  Precioso.  En estas fechas lleno de gente por todos lados, paseantes, ciclistas, senderistas, etc.

A partir de aquí es distinto.  Empieza la aventura.  Por el camino marcado nos aproximamos al final de la pista que se ha transformado en roderas sobre hierba.  Es preciso buscar las marcas de sendero balizado y sobre un canchal a derecha transitamos por una traza algo delicada a tramos.  Técnica y exigente al tiempo nos traslada sobre el valle en dirección al arco geodésico que está sobre Búbal.  Esa es la dirección buena. La marca nos llevaría empujando la bici del ramal en varias ocasiones, pero el camino mejor marcado va descendiendo sobre tasca, que a mi modo de ver es más lógico y no necesita de mayores aderezos.  En un pis pas y sin ser realmente exigente estamos en disposición de hacernos la primera bajada.  El sendero nos llevará directamente hasta la salida a la carretera general en el cruce de la presa de Búbal.  Pero esto no es hacer justicia, la bajada bien se merece un comentario.

Menudo sendero.  De 10. Con piedras como lavadoras, con escalones (más que el Corte Inglés) y raíces por todos lados se nos presenta una entrada de órdago.  Casco integral, metralleta, hipoxia totally, y a fuego por la traza.  Un salto, curva, ojooooooooooooooo, otra zarza.  Bien, hasta aquí, más o menos se hace con cuidado, pero ahora nos metemos desde los prados alpinos superiores al camino que baja por dentro del bosque.  Es como beber kas por un embudo.  A tope.  Flow al grado máximo, sobre el tapiz de hojas, no ves mucho, pero el camino es ancho (pensad que subían con las vacas por allí) y a la vez rápido, entrampado más que una película de chinos, con piedras del tamaño de un R5, que provocan que vayas de lado a lado.  Un auténtico despliegue de freno, olor a ferodo y diversión al grado máximo.  Es justo decir que si vas con un poco de control y a velocidad baja puedes disfrutar igual, pero……………………. Asina no es.

Fase dos.  Seguimos en el bosque, pero esta vez se vuelve más radical.  Aquí el camino viejo transita jalonado por las paredes de piedra que limitan los campos, fagocitado por el bosque, imbuidos en el ánimo de los gnomos, entre raíces milenarias y agua por todos lados vas descendiendo la parte más técnica y dura del camino.  El de verdad, el que te hace ver las estrellas y pone tus músculos al límite, entre las piedras redondas y los saltos de agua que el torrente ha excavado durante muchos años sobre el suelo limpiando y descarnando el piso inicial.  Es duro, muy duro.  Pero claro, habíamos venido para eso, para sudar tinta como los calamares. Ya estamos lobotomizados, con los cables cruzaos, violentos movimientos nos han hecho salir de nuestra zona de confort, ni siquiera la estricnina nos divierte en esta mina, jaaaaaaaaaaaaa, oxígeno.

Esta senda no es un duelo a primera sangre, no es para “justitos” aquí el que muere pierde, es enduro duro y barro, piedra, dolor y esfuerzo.  Por otra parte morriña de saber cuántos han pasado por aquí, el olor… aquí se echó Dios a descansar.  Era duro vivir aquí; mucho, no debió ser fácil.  Por eso si la hacéis no quedaros sólo con el sendero técnico, mirad alrededor, sobre los muros de piedra, los campos, las tablas y veréis cosas que ya nada tienen que ver con la bici.

Ya en la carretera nacional debemos cruzarla al otro lado y llegar a la presa de Búbal, por el interior del túnel, para ascender en 2.4 km de asfalto hasta el pueblo de Hoz de Jaca (famoso por la QH, la tirolina y un par de bares que te ponen unas raciones de …….. bueno que me voy)  Al turrón.  Soy más de bares que de trampolines.  Nosotros lo que tenemos que hacer es subir por la pista encementada de Sabocos.  En un rato tomar el primer desvío de la derecha para abandonarla dirección ascendente y mantener cota por la falda de la montaña con la vista puesta en el bosque.  Hemos dejado varios desvíos indicados con cartelería a izda pero el nuestro es una pista también encementada con una desnivel que te pone los pelos como escarpias.  No hay otra cosa.  Las piernas ya se están calentando y lo que les espera.  Nada con exceso rima con mesura, la droga dura lo que dura, dura.  Así, en estos pensamientos llega el momento en que la pista pierde pendiente.  No me lo creo.  Llaneamos.  La pista por fin en una curva se mete en el bosque.  Aquí empieza el Paso del Norte.  Increíble.  Por fin nos calzamos las protecciones.  Es un sube y baja muy entretenido con algún empujón de la bici en muy pocos tramos y muy cortos.  Para compensar.  Transcurridos unos minutos ya no piensas, ciclas, sigues al biker de delante serpenteante entre hayas, entre laureles, fresnos, avellanos, con el nivel de adrenalina a tope, encefalograma plano e introducido totalmente en el mundo lanar (ya no piensas).  Es una gozada para los sentidos.  El desnivel no es mucho y el slalom se hace prolongado, pero de vez en cuando al salir de alguna curva nos sorprende un descenso de pocos metros 10-15 con una pérdida considerable que te hace pretar el culo de tal forma que no entra ni un pelo a martillazos.  Sí que hay que controlar porque los árboles están muy cerca, pero son factibles de trazar con conocimiento, amén de algún tocón que se ve en la caja del sendero.  En dos ocasiones además hay que cuidar con el manillar porque los árboles no permiten el paso a las anchuras que ahora llevamos (75-80 cm), por eso y porque es bueno seguir las pocas indicaciones de camino que están clavadas.  Hasta llevar a Tripilituero no hay desnivel considerable, pero “ay amijo” ahora nos toca hacer una media ladera, a cuchillo sobre tierra y un festival de curvas hasta la pista que te vas a agarrar al manillar como si no hubiera un mañana.  Reconozco que hice ceprén hasta con el “ojo de Mordor”.  El trazado es una cantidad de zetas a 270º con desnivel que te centra sobre tu nivel de conducción máximo, un fallo por exceso y se te pelean los dientes por salir de la boca.  Pero realmente es una prueba a pasar porque es factible, necesaria y sobre todo muy satisfactoria.  Ya no puede estar mejor trazado el descenso.  Un acierto de Andrés, la verdad.

Una vez en la pista la opción es clara; dirección a Sta Elena por el sendero.  Muy buen piso, con algún tramo delicado, pero con calidad y fuerza se sortea sin problema la barbacoa de piedras que nos jalona el tapiz.  Sendero, torrentes, árboles… ¿qué más puedes pedir para un día de calor?  El tramo de bosque casi no permite entrar la luz, el suelo no se ve por la cantidad de vegetación depositada sobre la caja de la senda.  Un lujo de ruta.  Y por fin llegó la entrada a la senda de Sta Elena después de una empinada cuesta de piso de piedra descompuesta.  Casamatas de la Guerra Civil, obras civiles y muros, restos de intervención humana devorados por la vegetación.  Desprovisto de todo barniz de civilización y en un entorno privilegiado Le Pass du Nord es una opción no apta para aquellos que deseen vida pacífica y suelo liso, aquí no puedes ser un gallina o un julai, como Martín Mc Fly, aquí te engorilas y te vuelves más valiente que un camión, fallas y tiene más peligro que jugar a twister con Carmen de Mairena, es puro deleite.  Una tromba de sensaciones y despliegue de sudor y pedales.

Del camino de Sta Elena a Biescas, poco os digo, salvo que es ciclable, muy apropiado y sobre todo tened mucha prudencia porque es muy transitado por familias, corredores y paseantes, etc.

Ruta de 10 sin excesivo desnivel y con un festival de piedras en su primera parte y de senda de bosque en su segunda.  No se puede pedir más, tiene de todo.  Para completar sólo se me ocurre acabar en el Forato con una jarra de ámbar bien fresca y una hamburguesa de buey, conversación con los colegas y comentar todo lo bien que lo hemos pasado (exagerando los pasos técnicos como si fueran del RedBull Rampage) y reírnos a moco tirado de ver lo modorros que somos.

Un placer haber convivido y haber sobrevivido a tanta alegría y esfuerzo.  No despreciéis el desnivel (bajo 1000m+) porque se hacen muchos tramos por senda y eso te deja manso, pero manso.  Mejor imposible.  Un bosque de ensueño.  Podrían haber rodado aquí el Señor de los Anillos y ni nos hubiéramos dado cuenta.

 

 

Un abrazo compañeros.  Nos vemos en las sendas.

 

Pdta.  Como siempre y aunque no es necesario recordarlo, seamos amables con los paseantes y disfrutar de la compañía de cualquiera en el monte, ahora que las «cosas» están algo delicadas y es preciso que nos vean a los ciclistas de monte como uno más y no como competidores por el espacio.  Gracias.

 

 

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Rock & Roll tentation. Valle de Tena-Biescas

Miña terra tensina.

Oros Alto, Oros Bajo, Betes, Aso y Oliván ♫

Cachapurriña, María, Fita ♫

Ron, ron, ron, la botella de ron. ♫

Léase con la entonación suficiente como para salir de potes.

Reminiscencias aberchalebaturrasgallegas de los 80’s

El mundo se va a la mierda.  O no.  O yo qué sé.  Lo único que digo es que lo mejor de cada semana se pasa rápidamente.  Llega el viernes y puedes estar un rato más con la familia, otro ratico entre sendas/pinos con los colegas, haciendo ese deporte estrafalario del montanbaic; tampoco se le hace ascos a unas cervezas entre amigos para compensar tanto aire puro con el personal del pueblo…y «prau», de vuelta a la rutina.

Magnífica estampa bucólico-pastoril en el pueblo de Oliván.

Total que entre ponte bien y estate quieta aquí estamos de vuelta pensando en la siguiente.  Personalmente creo que voy a estar unos días “a buen recaudo” porque temo por mi integridad física y mental a consecuencia de un exceso “de aire puro”.  Ejem. Ejem.  Sólo digo que: Bonus consumido.  Si no fuera porque mi “Santa” tiene una paciencia infinita esto sería un no parar pero así las cosas; casi mejor soltar un poco y “hacer bondad”, si no de la primera órdiga que me endilga me deja el morro como la Mari Trini.  Y a mí no me gusta hablar.

Una pandilla de histéricas.  Eso somos.  No podemos dejar pasar ni una senda.  El otro día alcahueteando por el feisbuc leí que el tío Quiri había probado una parrillada de sendas por el Alto Gállego que aportaban flow en un nivel apropiado  Acto seguido un mensaje colocado  en su chat y con la rapidez de un rayo recibí  la respuesta, lo cual me hizo rayar la mesa con los dientes a la espera de poder subir a comprobarlo.  Ya está preparada la ruta.  Es necesario ciclarla o moriré de ansia.  Gensanta, un sinvivir.  Me picaba todo el cuerpo, la mente distraída, me retorcía como un mariquita con lombrices, pedaleaba bajo el escritorio sin conciencia, madreeeeeeeeeeeeee.  Poco me costó decidir los bártulos que me llevaría porque con anticiclón, las opciones son todas buenas y en menos que canta un gato ya estaba liada parda.  Destino: Ruta 30 del Alto Gállego.  Pirineos mtb, había trabajado y estaba a punto de ofertar uno de los recorridos destacados de la zona.  Buen trabajo pischas.

Aquí tenéis el enlace donde encontrar las rutas y todo lo que es menester para una salida por la zona.  Ésta en concreto tendrá que esperar unos días, pero se está cocinando ya.  No os la perdáis.

http://www.bttpirineosaltogallego.com/es/vive-la-aventura.aspx

Un par de llamadas de teléfono (porque semos unas antiguas) y se había organizado la salida dominical.  Nervio y ansia que decía el romano.  Bicis al coche, pertrechos al maletero y carretera y manta.

Un día magnífico el del domingo pasado.  Desayuno en Biescas.  A todo trapo.  Qué más se puede esperar.  ¡Ah sí!  Nuestro aborigen favorito.  El tío Tanano.  La Norma Búbal preferida por la multitud.  El último hombre nacido en Búbal, residente en la capital del Cierzo y afincado en Tierra de Biescas.  Vamos, un aberroncho del lugar, conocedor de cada uno de los vericuetos del valle y explorador incansable de senderos

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He aquí el aborigen.  Tanano.

Pues ya estamos listos.  A una hora prudencial partimos en busca de la aventura.  De la ruta poco puedo descubrir hasta que los amigos de Pirineos den por cumplido el trámite de subirla a la web, descrita como R 30, pero sí puedo adelantar que Andrés y sus colaboradores han hecho un buen trabajo.  En la línea de lo que están haciendo últimamente, lo que supone una gran satisfacción para nosotros, por lo cual estamos agradecidos del buen hacer de este equipo.

 

Parezco San Roque, con la vara, sólo me falta el perro.

Partiendo de Biescas ya no podíamos esperar.  El tío Mzungu tiene “que pillar wifi”.  Somos perores que las mujercicas.  Allí junto a una femera contribuyó con su sello personal a la elaboración del compost casero.  “AhívaelEbrokiolllls”  Me río del entorno de una central nuclear.  Se le veía el esqueleto como a las sardinas.  Verde radioactivo.  Los peces que por la acequia pasaron a estas alturas tendrán tres ojos.  Como el pez de los Simpson.  En finssss.  Creo que todavía se puede mejorar mucho la raza.  Esa civilización sofisticada, delicada-moderna-avanzada-tecnológica etc, creo que no va con este grupo.  Yo lo describiría como: “natural”. Jejejeje.

 

Muy satisfechos nos quedamos, cierto es, (sobre todo el interfecto anterior)  Me refiero también a la ruta.  Aderezada con algunos senderos extras aportados por el tío Tanano, con visitas a lugares emblemáticos como Oliván, Casbas, Susín, la torre de vigilancia de Larrede, 

que pocas veces frecuentas.  Afloran recuerdos de anteriores razzias; emotivos algunos, divertidos los más, consumiendo el día en un entorno maravilloso.  Conversaciones como la que tuvimos con Teresa en Susín, hablando entre otros temas de Angelines o recuerdos en las ruinas de Casbas, en su fuente, o de oyentes en un discurso didáctico de una persona sobre arte aragonés, a los pies de la iglesia de Oliván, o las vistas maravillosas desde la falta del Oturia.  “Superbe” que dirían nuestros vecinos del Norte.

 

 

 

Seguramente estuvimos bastantes bikers disfrutando a la vez del mismo entorno, ya que el día acompañaba, y así nos encontramos con colegas del Valle del Aragón con los cuales compartimos un ratico de la ruta, charla y un descanso a la fresca.  Saludos a Koldo y compañía.  Seguro que tuvisteis un buen día por la falda del Sobrepuerto.  Nos vemos en las sendas.

 

Total que entre ajustes y settings, preparación y un pinchazo consumimos un día de intenso ciclismo de montaña.  Oquémeséyo.  Una “gossadera” de monte y de post ruta en el “Pepe” de Biescas a base de sus racioncicas e isostar de cebada que alimentan cuerpo y alma para un día de desgaste y sol como si fuera de primavera.

 

El reposo del guerrero en el Bar de Pepe. Biescas. Recomendable por las raciones y por el sitio para descansar, tranquilo y con las bicis a la vista.

Otra opción de calidad con rutas para todos los niveles.  Mucho ánimo a la gente de Pirineos mtb Alto Gállego.  Seguir igual zagales.  Gracias.

Echa un vistazo a mi entrenamiento en bicicleta en Strava: https://www.strava.com/activities/934684220/shareable_images/map_based?hl=es-ES&v=1491743097

 

De lo demás poco debo decir.  Grupo aberroncho de nivel “toterreno” formado por el tío Tanano, el tío Cirac, el tío Mzungu y el tío Lagarto.

 

 

 

 

 

Salud y mucha senda kiolls.

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