Oh, lá, lá. Regresamos a Francia.

Pour la France.

Gentileza del tío Robert, os pongo dos filmandas que intentan revivir lo que allí ocurrió, o yo qué sé.

 

 

RUTA DEL PIRATA Y LA CABAÑA D’ICHEUSS

 

 

 

 

Varios malincuentes que por allí hollaban.

 

Así  salió la cosa.  Improvisación y p’adelante.  Nos arrastró el viento de una propuesta –que no había caído en el olvido- porque lo que nos esperaba era de órdago, paisajes espectaculares, bajadas por mares de helechos y medias laderas infinitas, coloreadas de  verdes en todas sus gamas de intensidad; subidas que te hacen sudar hasta la goma de la braga y un sinfín de sensaciones que no reconocen identidad, ni fronteras de estados políticos.  En los mapas me pierdo buscando una ruta nueva, desconocida, que me sorprenda con el asombro de un transeúnte solitario. Rebuscando, siento pasar hojas en blanco, que no me satisfacen, dejando correr horas muertas hasta que surge la idea.  Oh lá, lá, c’est la France.  ¡Qué buena la tortilla francesa!  ¡Deliciosas las baguettes!  ¡Qué bueno el francés!  Incluso ¡qué bueno, hasta el idioma!  Je, je, je.  En Francia, nada cobra importancia.

Nervios.  Estamos esperando como el “Santo Bendimiento” esa hora precisa en la que nos vamos hacia allí.  Saldré de un salto del cine de las sábanas blancas y tendré que coger mi maleta de los sueños que dejé hace poco en el valle vecino, en las múltiples ocasiones que he acudido este verano a buscar la magia de le Pyrenees Béarnaises, del monte francés en el Alto Bearn.

 

Varios webs que recogen las rutas aproximadas a la que hicimos el otro día.

https://www.pyrenees-bearnaises.com/offres/n-42-chemin-de-pirait-a-vtt-lees-athas-fr-2201504/

https://www.pirineo-frances.es/touristic_sheet/n-44-cabane-dicheus-vtt-lees-athas-es-2201544/

https://es.wikiloc.com/rutas-mountain-bike/pirait-y-algo-mas-46392209

Gnomos del bosque haciendo el mandril.

 

Dicho y hecho.  Ya estamos, después de una pequeña organización logística entre los 7 colegas que nos pusimos en canción.  En Castiello de Jaca nos juntamos a echar el café de rigor (aunque no pusimos ningún fax, todo sea dicho de paso) y subimos bien anchos en los coches, cumpliendo rigurosamente todas las pautas sanitarias.

El lucero del alba ya se había desperezado y subía la temperatura hasta hacerse bastante agradable, al margen de la humedad recogida en todos estos valles norteños. Por las curvas serpenteantes que comienzan tras pasar el túnel del Somport, límite fronterizo de un territorio que no deja de ser el mismo a efectos de diversión, naturaleza y modo de vida, nos adentramos en otro territorio que nos espera con los brazos abiertos para comer el mundo con nuestra avidez de enduro, de barranqueras, de trialeras, de ganas de disfrutar la vida a lomos de la bici, viviendo en la ausencia del deseo canalla, simplemente de la entrega al día de deporte en compañía de los colegas.

Y sin más ni más.  En el parking de Lées Athas, bajamos los pertrechos y enfilamos la pista asfaltada hacia arriba.  Subimos en primera instancia Edu y una servidora, puesto que con la pulmonar me iba a costar un pelín más de tiempo.  Edu iba disfrutando de una maravillosa BH a pilas, tuperware de última generación del año 2020, y más pincha que un 8.  A nuestra espalda vemos acercarse al tío Josan.  Nos informa que al pobre David le había fallado la electrónica y no puede emprender la marcha, así que decide replegar velas y volver a casa con la pena de no haber podido disfrutar del día.  En fin, una lástima después del esfuerzo.  Cosas de la técnica.  El resto se despide y sube por la pista a nuestro encuentro.  Todos electrificados como la silla del mismo nombre.  Asistidos, los truhanes, por ese empuje extra que da una frescura que hace palidecer a los dos inalámbricos (Josan y yo).

800m de desnivel positivo y de patapúm p’arriba.  Pero merece la pena frotar un poco hasta brillar por todos los poros del cuerpo.  En el collado nos espera el laurel del triunfo y entre una conversación con Juanico, otra con Juanjo, el tío Josan a mi lado y Edu subiendo y bajando, casi no dio tiempo a darse cuenta que estábamos al inicio de la pista de piedra.

Un nudo de antojos se transforma en calvario para el cansancio y el pedaleo extremo, surcando la pista de piedra y de rampucias “esquerosas” que tanto al tío Robert como el resto de secuaces no les afecta como a mí hasta el punto de agobiarme y tener que echar el pie a tierra.  Vamos, en dos tiempos.  T1. Me bajo.  T2. Empujo.  Y no pasa “res”.

Entre ponte bien y estate quieta llegamos a la zona de navegación por bosque y desde el gps del tío Josan nos llega la dirección precisa que nos transporta en una pequeño porteo hasta el maravilloso cordal de la cabaña de D’Icheuss.  Nos hemos ganado un descanso merecido.  Las vistas son insuperables, sobre una pequeña nevada que tiñe de blanco las rampas de ascenso, con la “cabanne” de fondo y el placer de disfrutar de un territorio salvaje nos relamemos pensando en la bajada.  Gloria.  Es un gozo infinito, puro hedonismo, hemorragia de placer asilvestrado en forma de deporte.  Ahora bien, con nosotros los fabricantes de perfumes hacen el agosto, porque allí arriba olía a “chotuno” que es una barbaridad.  Pero todo eso es igual.  Nos espera la recompensa.

 

 

Vestidos de romanos nos disponemos a surfear toda la loma en dirección a la senda pedregosa de subida.  Se me menea hasta la campanilla, saltando, gritando y tirando de manillar como un poseso que disfruta más que un garbanzo en la boca de un viejo.  Primero una alfombra de hierba para transformarse en una barranquera de piedra que nos hace gritar como locas en pleno éxtasis desenfrenado de curveo sobre piedras como la cabeza de un taustano o raíces puestas para complicar la trazada pervirtiendo la línea recta de caída a plomo sobre la natural inclinación de la montaña.  En esas estábamos, viendo pasar nuestra vida en diapositivas cuando sin solución de continuidad nos asalta el nuevo tramo de descenso, esta vez en forma del Bosque de Farngorn. .  Un tapiz de un palmo de hojarasca cubre los agujeros, las raíces, las ramas sueltas, las piedras colocadas para ver si te pillo y t’esnafro en una tollina “cum laudem”.  Un bosque de hayas maravilloso, me siento un gnomo, uno de esos del Sr. De los Anillos.  En cualquier momento sale “Gandalf” el Mago Blanco y nos convierte en fosfatina de la órdiga que nos damos.  Desnivel, velocidad y con más trampas que en una película de chinos nos traslada del segundo presente al siguiente problema materializado en una piedra goooooooooooooorda, un árbol o un cortado sin límite.

Y en esas estábamos que no en otras, disfrutando como cochinos en charca cuando por fin nos encontramos con lo más característico de estas montañas francesas, las laderas pobladas de helechos, cortes diagonales en las lomas, infinitos, de velocidad absurda, con vistas insondables sobre valles y puertos, sensación de libertad y de aire que llena los pulmones hasta saciarlos por completo… y alguna p**a rampa, por qué no decirlo también.  Pero a lo que voy vengo.  Un paroncico y a charrar con los colegas.  Es el momento de soltar líquido por el conducto reglamentario.  Y… ¡vaya hombre!  No los había visto.  Total que a unos alemanes que allí estaban disfrutando del aire les hago una visión de la capacidad y poderío aragonés.  Chúpate esa peladilla, y si puedes ahora duerme con eso.  No me había dado cuenta y allí mismo …. Pues eso que me giré y eché un orín de la manera habitual:  “un no-hands”.

Seguimos el descenso.  Trazo detrás de Juan, Robert a la espalda haciendo el “Spierlberg de Castiello” y los demás turnándose en la cabeza disfrutando de la bajada.  Juanjo en una de estas me dio brillo a los laterales en medio de una barranquera en la que se me atragantó la visión  porque se me había movido una lentilla de las vibraciones, yasabeusté.

 

 

Maravilloso, espectaluznante, gloriosa bajada, hasta me recompensé del esfuerzo yendo a pequeños tramos gozando, saltando y poniéndome delante del grupito para ver la senda en primera persona.  Ya tenía los pelos del culo a punto de nieve cuando una pareja de colegas pasaron delante de la granja, próxima al pueblo de Athas, sobrevolando la última senda de bajada por el bosque, trazando gozosamente los metros del postre y exactamente all fue el preciso momento en el que un perro salió en la parte más delicada, la barranquera que desaguaba aquella parte del monte, con pedrolos como lavadoras y más puntas que cañamones te dan por un duro.  Se aproxima, lo veo, me entra un cague que pienso, si paro me come, tiene más dientes que una película de tiburones, es feo, me pega alguna mierda porque sucio como el palo de gallinero, está.  Así que fuerzo y vuelo sobre las puntas de las piedras.  Rezo.  Me encomiendo a Sta Biela de Hollowtech y bajo en versión COPA DEL MUNDO DH.  Al final tuve suerte.  Llego al pueblo y nos vamos juntando, Edu, Josan,  … ¿y el resto?  ¡Ay Dios!  Enseguida nos informan que al tío Robert le había pillado la vaquilla.  Lamierdalperro.  Pues sí, se había lanzado sobre él y al forzar la máquina se había atollinao sobre el lecho del barranco.

Golpe seco, duro, en piedra, un poco de desorientación, pero como es más duro que el Alcoyano (que iba perdiendo 15-0 y pedía prórroga) pues eso que llegó al coche.  Con la ayuda de los colegas y un poco de ánimo lo recuperaron.  Por fin en al final en la fuente del pueblo y al aparcamiento.  Allí tras una pequeña valoración y a la vista de las heridas, decidimos que tal vez fuera mejor que un médico le diese una pasada de pintura.

Y así transcurrió la jornada, entre ponte bien y estate quieta, que disfrutemos, gocemos y ¿tú no estastes?  Ay amijo, no te lo pierdas.  Si no has estado en la pomada no eres nadie en el mundo del montalbán francés.  Es preciso probar y luego si te gusta, repite.

A nosotros nos encantan, nos embriaga, nos muele cuerpo y alma pero ya estamos deseando volver y no es por desmerecer ningún otro lugar, sino simplemente porque es diferente.  Es francés.  De Francia, ya sabes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Besos y abrazos, Felicitons y disfrutons.  Un placer inmenso.  No dejéis pasar oportunidad y a la mínima al monte de cabeza.  Un saludo de vuestro colega Tija, Lagar-Tija.  Nos vemos en las sendas.

 

 

 

 

 

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El Portell del Infern-The Rock Garden.

 

¿Existe el Flow-stone?  Creo que sí.  En la Senia podréis comprobarlo.

Y ahora ¿qué?  Aquí estoy en casa.  Desempeñando las labores propias de mi sexo: fregando, recogiendo y demás parafernalia del proceloso mundo de la cocina.  Como mi mujer no ha vuelto todavía del bosque (escúchese el chiste del tío Sherpa sobre el bosque y los análisis de la mujer) pues aquí estoy con la mente perdida a la escucha del tío Rory Gallagher y al Clapton en el infierno del guitarrista, yasubeustemiamol.  Que os lo explique Joselu.  Sin conciencia de la realidad, ni con ganas de dar pedales después de dos días maravillosos, quedo extasiado.  Unos días de p’ol montain, o como dicen los encasilladores del mercado biker, auténtico y genuino enduro, del duro, puro crocanti.

La Senia fue el lugar elegido para hollar con nuestras monturas.  El Portell del Infern, un lugar que sorprende por su espectacularidad.   Es un impresionante paso natural por una pared de roca. Desde él se pueden observar “gamellons” (bebederos tradicionales construidos en troncos vacíos donde se acumula el agua que filtra de las paredes) y disfrutar de una de las mejores vistas del Parque Natural Tinença de Benifassà (Castellón).

Lo que hoy puede parecer un sorprendente recorrido, antaño fue un camino de difícil acceso, pero obligatorio, para quienes querían comunicarse con las tierras llanas que habían al otro lado, a la Sènia y al Parc Natural dels Ports de La Senia.  Muchos comentan que el Portell de l´Infern, camino antiguo que iba de la población castellonense de Fredes a la Sènia, ya en provincia de Tarragona, durante años fue paso de estraperlistas y maquis, así como también lugar donde los Guardias Civiles instalaron un puesto temporal para controlar el paso de los últimos mencionados. También fue camino para carboneo y pastoreo, como además lo fue igualmente para refugiados y milicianos.  Enclave con historias y sucedidos, lugar de visita obligada para los amantes de la escalada, la bici de montaña, el aire puro y el deporte.

Una avidez digna de quinceañeros. En verdad le teníamos muchas ganas a esta zona castellonense, especial, dura y agreste como lo más escondido de Guara, por ejemplo.  Tapizado de rocalla viva, alfombrado de piedras a tutiplén y con un decorado muy al estilo del gusto de una servidora: paisaje duro, agreste, olivos, carrasca por doquier y planta de la que punza, nada de verdín, todo más seco que el txitxi la Barbie, salvo la zona del pantano de Ulldecona que como es normal tiene humedad, pero sin volverse loco.  Aquí poco reúma.  El paraíso del flow-stone, museo de la piedra y nirvana del rock ang rocs.

 

 

Y a lo que voy vengo.  Para no enrollarme mucho y dar traslado de lo sucedido con la máxima fidelidad posible me voy a poner el oxígeno y gracias a ello no perderé la conciencia a mitad de descripción.  Es lo que tiene la hipoxia.

Voy a relataros lo que pasó, pero a base de sensaciones, no de hechos objetivos y datos técnicos, tan fríos que no os harán estremeceros, ni sentir lo que realmente pasó.

Así pues, empezaré con el sábado y comenzaré diciendo que no inicié el asunto con grandes expectativas puesto que teníamos que recorrer casi 250 km de viaje y un madrugón del 15 que me ponía la cara como al Joker de Batman.  Pero pronto se me pasaría.  Menos mal que compartía coche con mi colega Miguel C., excelente conversador y compañero del pedal.  Llegamos en casi 3h de coche y sin encontrar un buen lugar para el café y poner el correspondiente fax a Belgrado.   Pero como en esta vida todo tiene solución, no había que ponerse nervioso.  En menos que canta un gato ya estábamos toda la tropa en el punto de partida y con el ánimo enhiesto, más que elevado, porque…….

Bueno puessssss eso, mal tiempo.  El aire que allí se notaba podía ser infernal en la parte superior, sobre todo fuera del bosque, por una “esquerosa” subida de casi 18 km de longitud de pista lo cual podría haber sido el escenario de algún montín por parte de los integrantes menos sufridos. Así que con un gran criterio técnico, el organizador, a la sazón el tío Sherpa, decidió hacer remontes hasta Fredes, y de allí ciclando al paso del Portell por un caminico preciososo embutido en piedra, con raíces y puntas, atunelado entre vegetación frondosa que nos serviría a la postre de calentamiento para el descenso de los 7 km que nos separaban de los coches.

Dicho y hecho.  Poca pereza para el disfrute, que es lo que nos espera.  Pertrechos, coches, bicis y ciclistas fundidos en una sola idea al ritmo de salsa subimos y nos preparamos en un santiamén.

 

 

 

 

Total que p’arriba, en la entrada del tajo en la piedra, mirando con ojos de gacela, diciendo:  “caña a la papela”.  Tengo ganas de jolgorio, poneros todos mirando pal valle, con ojos de ternera, buscando la senda de primera.  Y usted qué opina del aborto de la gallina, madreeeeeeeeeeeeeee qué de piedras.  Un alijo, un sinfín, esto es alarmante.  Tó pa ti Trini.  P’abajo, con la entrada complicada, pero que poco a poco se va acanalando, enraizando, empedrando, bombeando, saltando, abalconando, escalonando, y todo lo que queráis que acabe en ando.  Gensanta qué festival de piedra en la parte superior, aderazado con unas curvas dignas de un scalextric, saltos y escalones, junto a pasos realmente complicados para cuerpo y mente. Conclusión.  Una de las trialeras más delicadas para hacer deprisa de las que puedo decir que he bajado, ahora bien, si decidís tomároslo con calma y disfrutar de la bajada en cuanto a paisaje, trazadas técnicas con un vistazo previo y no hecha a vista, aquí te pillo aquí te mato, puede ser de las más completas que existan.  Desde la misma senda se ve la Roca Foradada y el valle que lleva hasta el mismo Pantano de Ulldecona, además de los caprichos de la naturaleza, el sendero excavado en la roca, pasos entre piedra, lajas, losas, rocalla y balcones de roca viva que hacen colgar la senda sobre el infinito bandoleado entre ráfagas de aire que parece que allí despegaras en cuerpo y espíritu hasta poder volar, pero de esto último cuidado porque el patio que presenta en algunos lugares es algo digno de mención y de obligada parada para su contemplación.

 

 

 

Hay que reconocer que semejante despliegue logístico para tan pocos kilómetros de recorrido no renta así que entre unos y otros, ponte bien, estate quieta que nos hicimos otro remonte.  Y fue pasando el tiempo, la ilusión, la fuerza y el desgaste de la senda, los nervios y la exigencia del terreno nos dejó la impresión de haber tenido suficiente.  Poco más íbamos a hacer allí, así que nos fuimos a Val de Roures.

 

 

 

 

Balance: sonrisas a tutiplén, alguna cubierta perforada, 0 heridos y algún desperfecto técnico sin mayor importancia.  Amén de los raticos que esperamos entre remontes aderezados con historias del “Piscis” –antro lúdico festivo de poca solvencia y dudosa reputación en la ciudad del Cierzo- que frecuentan determinados elementos que no desean ser mencionados. Vamos, que el Calas dice que no ha estado.  Y entre risas y descanso se nos fue la tarde.  ¿Vosotros entendéis de barcos?

Vuelta al Reino.  Bienvenidos a Valderrobres.  Localidad de la comarca del Matarraña con historia documentada ya en el siglo XII y que en los últimos tiempos sufrió infinidad de contrariedades y desgracias debidas a la guerra y su situación geográfica.  Hoy por hoy un enclave próspero, aunque duro y un núcleo de desarrollo agropecuario y turístico de primer orden.

Por eso entre otras virtudes fue elegido para nuestra base del finde.  El albergue, situado a la izquierda del puente de entrada a la ciudad, sobre el río Matarraña, embutido en la muralla defensiva de la ciudad, con su fachada de piedra y arquería, sus balaustradas y sus defensas medievales goza de una visión privilegiada sobre el resto de la ciudad más moderna, el río y un gran espacio verde que le rodea.

 

Cabecera del pueblo viejo, con sabor, un lugar atractivo, con encanto no exento de cierta modernidad puesto que ahora ya no nos conformamos con cualquier cosa, males propios de la edad.  Goza de unas comodidades razonables a un precio más que asequible. El servicio y la atención exquisita nos llevaron a un grado de calidez y de sensación bastante más que aceptable.  Una habitación para 10 jamelgos, un par de duchas compartidas para la camareta, un baño, pastillas de jabón, … no quiero seguir porque aquí todo se sabría, peroooooo, una risión.  No digo más.

Y llegó la hora de instalarse.  Habíamos dejado todas las bicis en el sótano, el material, sólo restaba cambiarnos de ropa, asearnos y atusarnos las pestañas para ir a cenar.  ¡Menuda sorpresa!  Un salón en el ático, confortable, con decoración de madera viva, vigas de madera vista bajo el tejado, manteles de tela en las mesas, luces discretas y calidez de la estancia nos pusieron más que a favor en la formación de una opinión casi entregada por completo a la causa.

Los 14 alrededor de la mesa disfrutando de una momento Zen, cerro, comiendo como si no hubiera un mañana y riendo como orcos, pasamos de la incertidumbre a la total seguridad de que iba a ser un fin de semana para recordar.  Y sin solución de continuidad a las copas, que más bien fueron entre poco y nada; todos al sobre para la sorpresa final del día D.  De sudar.

Diana a las 8.00 am.  Razonable.  Susto de haber podido dormir algo teniendo en la habitación más de un oso.  Pero pasó y no morimos en el intento.  Gracias Diesel.

Desayuno.  Esto no os lo vais a creer.  Pantagruel, era una anoréxico.  No tenía ni idea de lo que aquí comen.  De todo.  Dulce, salao, café, zumo, cocas, tortillas, y lo que sobre os lo lleváis al monte.  Casi lo besamos al dueño.  Pero bueno, mejor así.  Nos despedimos, liquidamos la cuenta y aquí paz y allá Vega.

Ahora toca ciclar.  Dirección Arnés.  Este es el primer pueblo dirección Cataluña (Tarragona)-  Por una pista forestal nos introdujimos hasta la zona de piedra que descubrí era también de escalada, en roca conglomerada fina, y por supuesto también área de recreo y de paseo-senderismo de ambiente bastante familiar.

Así pues por el cauce del río, en dirección Horta de Sant Joan.  En un maravilloso sendero de subida, sobre roca, muy bien construido, integrado en el paisaje, entre muros de piedra.  Todavía frescos, discurría la mañana a buen ritmo.  Empezamos la subida en el sendero del bosque.  Tras un breve parón por problemas mecánicos atacamos la pista de subida que de verdad se hace dura, más larga que una meada en moto, de buen piso pero con inclinación más que aceptable, sin ver en el esfuerzo nuestra vida en diapositivas.  Y cuando parece que vas a reventar como el Lagarto de Jaen y te van a llegar las tripas a Córdoba, el desvío.  Salvados.  Yunamielda.  Un sendero de los de empujar, puya, puya, puya y si te parece poco a portear.  Es verdad que es poco trozo, pero sudas hasta la goma de la braga.  Y al final llegó el final.  El balcón de piedra, el aire, las vistas privilegiadas y el dominio sobre todo el entorno.  Espectaluznante.  Rock garden.  El paraíso lagartil.

Fase hipoxia ON.

Aquí se lía parda.  Hasta ahora todo era fase pin pin para mariquitas y muertos de hambre, mucho rezar el rosario y mucho beso su mano. Ahora viene lo bueno.  De osos peludos, de los que más que pelos son maromas de barco.  Los que echan “ulor”, fuman y llaman a la señoras de tú.

Bajada.  Un maravilloso sendero, jalonado de piedras como la cabeza de un taustano, una sucesión de lavadoras, de las que te empotras y se te pelean los dientes por salir de la boca.  Un tramo durísimo, más que una braga de arpillera.  El apropiado.  No hay más.  El personal guiado por el Tanano, con Ramiro, Jordi y Pedro abriendo brecha se diluye en el bosque, a fuego, seguido por el resto con algo de materia gris bajo el casco, a ritmo más humano.

 

 

Y enseguida…el gallego Manu, que me propuso hacer una escapada hasta la zona baja más suave, a velocidad terminal, resultando ser el momento de más adrenalina de la ruta.  Increíble, piedras, puntas, raíces, mierda, ojoooooooooooooooooo, que freno, lamadrep+++aquerama se cruza sobre el salto, me falta el aire, sigue, sigue, no me cantes na, a vista, daleeeeeeeeeeeeeeeeeeee, ondiaparda que no entro, ayvaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaotra curva en descenso sobre dos escalones.  Sudor frío y miedo cerval, control máximo y supervivencia sobre piedra viva.  Los ojos inyectados en sangre y la bici flotaba de lado a lado, los frenos no se llegaron a calentar, porque lo que es frenar, pues no, pero la velocidad era directamente proporcional a la falta de oxígeno en el cerebro y por fin un descanso.  Coñññioooooo tiene más trampas que una película de chinos.  Antebrazos socarrados,  Cuádriceps reventados.  Un abrazo, sonrisa idiota y un ufffffffffffffff si me la pego me fostio pero bien.  Una pequeña advertencia de Fon, para volver al talento o cómo mantener la prudencia de Miguel L. en el grupo y acto seguido a continuar.  Reunión con los colegas y a surfear un sendero acanalado que era pura delicia hasta el monumento al Forestal.  Comentario, portería, risa y a subir la segunda del día.

Patapúm p’arriba.  400m de desnivel+ otra vez.  La verdad es que nos habían prometido los organizadores que merecía la pena y creo que se quedaron cortos.  Esta vez me tocaba estar en la parte delantera.  Como decía el tío Adríán: Tira Lagarto que a ti esto te va a parecer gloria bendita.  Y así es.  Mecagontoloquesemenea.  Empezamos en unas curvas delicadas pero en na de na, se vuelve el mismo flow.  La reencarnación de Sta Biela de Hollowtech.  Increible.  Maravilloso.  Falta nada para el éxtasis.  Al grito de dale Lagarto, me tiro como una fuina que le hayan metido una cayena por “sálvese la parte” a velocidad absurda, se iban las dos ruedas, entre curvas sobre el tapizado de las hojas de los pinos, las piñas, el sendero casi limpio, lo bien trazado y los saltos en su momento justo acariciando el Nirvana y sin talento, miaja, el descenso pasó a ser un video-juego.  Supongo que el personal se iría mordiendo los pendientes de la risa y la sensación tan agradable de bajar entre el bosque por un sendero de 5 estrellas michelín.  Increíble.  Rematamos la faena con otro paralelo al río más suave pero con una imagen de postal para llegar al final…del segunto tramo.

Sólo queda lo peor.  Un tercer sendero.  Más fácil, un par de saltos y unas curvas con trampas y se acabó.  Por el cauce del río por el que accedimos a la zona lo utilizamos ahora de vuelta.  Genial.  Sublime.  Espectaluznante.  Abrazos Covid, refrotones a distancia y cambio de ropa que ya no aguanta ni una gota más de sudor y ¡tira! Allí mismo un “no hands” con el culo al aire para solaz de propios y extraños, con el fin de volvernos otra vez personas.  Oye, y si puedes, ahora duerme con eso.  Menudo visión.  14 Modorros enseñando la carrera de hormigas de la espalda inferior.  Ahí lo dejo.

Poco más queda; bueno sí, la comida remate final.  Genial.  A base de pescado de corral y alguna vianda, zumo de cebada y también isostar de garnacha te dejan el alma más que alicatada hasta el techo para poder llegar de vuelta a casa en un viaje que en el que te vas relajando porque vuelves a donde deseas estar, pero a la vez te hace sentir más intensamente lo que has vivido.

Ha sido un maravilloso fin de semana, abstemio, pantagruélico, divertido, hipóxico, adrenalítico hasta los ojos y también de socialización y compañerismo que es lo que en el fondo lo que aporta calidad a este tipo de actividades.

Un placer conocer estos sitios.  Un gusto llegar a casa manso.  Sorpresa también de utilizar servicios como los ofertados, de una calidad y precio más que interesantes.  Es evidente el sentimiento de compañerismo y altura de los integrantes del grupo y ya puestos sólo me resta a gradecer a los organizadores su excelente trabajo, a la cabeza de todos ellos a Miguel –Sherpa- como líder de la expedición.

 

 

 

 

Un breve consejo:

 

“Si la vitalità è grande e tutto va bene… Avanti con il pene.

Ma, si la situazzione e dificile e la forza mingua… Avanti con la lingua.

Si questa posizione si torna imposibile e tutto intento inhumano… Avanti con la mano.

Ma, si niente funziona… e tutto e´nullo… Avanti por il culo.

Ma, Avanti… ¡¡¡sempre Avanti!!! che questo è lo importante”.

 

DATOS TÉCNICOS

https://www.strava.com/activities/4115862241

https://www.strava.com/activities/4119546823

 

 

Pdta.  Bttava, tenemos faena pendiente.  Vidángoz, Sur de Aragón por Enduroland, Valderrobres, etc.  No sé si me va a dar la vida p’a tanto.

Un saludo de vuestro colega, Tija, Lagar-Tija.  Nos vemos en las sendas.

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En Francia, nada tiene importancia.

Recorriendo el Alto Bearn.

 

 

Acabo de lavar la bici y mientras lo hacía he disfrutado de una tranquila y apacible mañana, salpicada de los intensos rayos de sol, típicos del Valle del Cierzo, para el momento que nos encontramos, pleno agosto, canícula total.  Al tiempo que se me socarraba la “fueta” –parte de atrás del cuellu, charrando n’aragonés- me ha asaltado una certeza que rondaba por mi cabeza ya hace unos tiempos.  Es verdad que esta sensación se va notando y la vas apalancando en la parte de atrás del cuarto oscuro del cerebelo posterior, pero al final se manifiesta en el día menos pensando y en forma de regalo navideño.  Al final doblas la rodilla como los toros y te acochinas en tablas hasta llegar a reconocer lo inevitable.  Con mucho dolor de corazón y resignación propia de cartujo, lo expresas (jamás a tu pareja, of course), pero sí a los colegas.  ¿Qué ha pasado?  ¿Por qué a mí?  ¿Acaso estoy en el ocaso de un recorrido en el cual debo acostumbrarme a que los planes multiactividades, con citas de salidas biker monstruosas, grandes celebraciones posteriores y retornos al día siguiente a por más caña, se han acabado definitivamente en favor de un descanso merecido y recuperación del cuerpo porque ya no da más de sí?  O simplemente es un impás de tu forma física.

En fin, va a ser eso.  O eso, o la junta de la trócola.  Pero no, ya se sabe que todo tiene un límite y para una servidora un rutón de 1600 m+ con bicicleta pulmonar, ansia viva de poder solucionar todas las trazadas subiendo y bajando, porteando, sufriendo, oliendo como si fuera un choto, disfrutando de las bocanadas de libertad del monte con su aire renovador, fresco, agua cristalina (de esto hablaremos más tarde) y una sensación de vitalidad sólo comparable a la vida de soltero, no tiene parangón.  (Por Dios, que no lea esto mi parte contratante de la otra parte de mi parte).

Y todo ello, reconozco que a pesar de lo que es no me incomoda, de hecho reconocerlo es un principio para poner remedio a esta enfermedad de la pila.  De la pila de años.  Otro síntoma evidente es que mientras disfruto de una redacción gozosa, de fondo tengo una lista en reproducción sonando de fondo que tiene más años que el hilo negro, y que me agrada, me reconforta y me hace sentir tremendamente bien.  Entre ellos, Slackstring, Loch Lomond, Peter Tosh, David Gilmour, Dropkick Murphys, The O’Reillys and the Paddyhats o Leonard Cohen, entre otros.

Los resultados a la vista de la lectura de esta pequeña introducción son evidentes: cansancio y pesadez de piernas, apertura del patio de caballos (en fin, que te cabe una riña de perros entre las garras y además diría para los más “experimentados”, la visión es que pareces la parte de atrás de un Renault 8); en otro orden de cosas, relajación de cuerpo y mente –vamos, suave como un guante- y la total certeza de que el verde que mantienes en la retina volverá en menos que canta un gato porque las endorfinas segregadas en el día de actos te han enganchado hasta la médula.  Yonquies de las sendas, dependientes del aire puro, de los altillos, de la caliza y los helechos, del barrizal y las cubiertas de 2.5’’, de unas máquinas creadas para hacer sufrir cuerpo y mente en busca de los límites naturales del cuerpo humaño.  Nada es lo mismo que el nihilismo.

Así las cosas deberían vuesas mercedes saber en qué consistió tan magno acontecimiento, digno de los mejores paladares ciclistas y montañistas.  No se trata de una ruta al uso, o de una búsqueda del hedonismo endulerdo per sé, no señor, es un compendio de sensaciones plasmadas en diferentes momentos por los cuales atraviesa el protagonista.  Distintos y diferenciados tramos, determinados por la zona y la orografía, que aportan cada uno su calidad, su sentimiento, su esfuerzo o si preferís laidiosincrasia propia del territorio.  La ruta podría definirse como una travesía en busca de los lugares más carismáticos de esta región meridional de la Aquitania francesa y vecina nuestra.  Tan parecidos y tan distintos, los mismos y diferentes a la vez.  Con una historia casi común y proximidad tan evidente que es inevitable compartir espacios y voluntades.  De hecho alguno de estos pueblos, como Aste, Castet, Beost o cualquier otro me recordaba mi infancia por Sallent de Gállego, Tramacastilla, etc.

Suena Wax and wire, y me lleva flotando hacia Castet.  Maravilloso.  Subida por el puerto entre millones de hayas, enanos, hiedras, elfos, “Eldelbar”, setas, curvas imposibles, de pretar el culo y meter riñón hacia la siguiente rampa con un desnivel “esqueroso” pero que no te impide continuar porque el firme es lo suficientemente bueno como para seguir.  Y más sombra, y más castaños, abetos, incluso alguna secuoia.  Hay humedad suficiente como para pillar reúma y sudar por todos los poros de tu cuerpo.  Si me quito en la cima de Castet la camiseta se queda de pie, sus lo juro por la tumba de mi mula Romera.  Y no es más que el principio.

Sin solución de continuidad nos adentramos por las pistas que jalonan el territorio del Alto Bearn para ir descubriendo la flora, fauna y también su componente humano.  Nos encontramos docenas de paseantes, algunas familias que habían alquilado borricos para llevar el material o a sus pequeños, barranquistas, campistas o simplemente amantes de la naturaleza.  Y entre ponte bien y estate quieta vamos llegando al Col de Jaut, que tantos problemas de pronunciación nos dio.  No hay que olvidar que aquí los aborígenes utilizan el Occitano como parte de su cultura ancestral y por tanto el francés académico se queda como una parte del lenguaje.

Las bordas de pastores están bien cuidadas, de hecho se utilizan casi todo el año y junto a ellas los refugios abiertos presentan un estado más que aceptable.  Con esta concepción del medio encontramos un grifo de agua al que nos acercamos a tomar reservas con que rellenar el camel-back para el resto del recorrido hasta el lugar de partida.  ¡Ay amijos!, craso error.  Pero quién lo iba a saber.  Ya la mañana pintaba regulera cuando tuve que solucionar un problema de cambio a mitad de subida, pero que se solventó con garantías hasta el final, pero esto, ¡ay esto!  Nada, nada, refrescar, refrescó, pero a los 30’ de haber consumido el líquido elemento no me atrevía ni a pestañear.  Gensanta, qué ebullición.  Me iba de canillas, por la pata abajo casi sin remedio.  Sólo me impidió tan desagradable visión el hecho de estar en compañía de mi colega, al que aprecio y que no merecía semejante espectáculo, pero yo me cagaba hasta en lo más sagrado.

Bueno, corramos un tupido velo y continuemos con la reflexión.  Incluso redactando.  Ya hemos llegado al punto clave, Jaut, después de un ascenso continuado de 1000+ de desnivel.  Ahora toca retratarse.  A través de los prados alpinos, a cuchillo y con conocimiento montañero toca ascender hacia el paso que nos habíamos propuesto como solución a la ruta.  Una tasca alfombra nuestra ascensión, naturalmente sin arbolado, hacia la cota de 1780 que nos espera ansiosa de ver nuestras caras.  Una buena ciclada alpina por las trías del ganado vacuno nos conduce hacia los derrubios de la montaña.  Un depósito calizo, un corte sobre el castillo, una visión superior entre la montaña y el cielo.  Nuestro paso, el corte de la espada de Roldán, un portillón con pocas facilidades para las bicis eléctricas, salvo que estéis más fuertes que el vinagre y os la echéis a la espalda y como titanes portéis el peso a la parte superior.  Debo reconocer que no es mucha distancia.  Tal vez 500m, pero con un desnivel positivo que rondará los 200+.  Con lo cual es necesario pensarlo.  Pero es la traza.  Sufrir, sudar como camellos, ascender y coronar el paso franco.  Extremadamente duro.  Debéis tener presente que a estas alturas habremos acumulado ya más de 1400m+, pero es por aquí.  Mi colega Monsieur Cirá, un caballero donde los haiga, tuvo la deferencia en vista de mi estado físico por lo ya descrito que echarme un discreto cable y antes de que se lo pidiera ya había bajado a prestar su hombro para portear la última parte de la subida.  Y así fue como superamos el obstáculo de piedra y sufrimiento.  Col de Lalléne.  Indescriptible visión sobre los Pirineos franceses.  No creo que la olvide en mucho tiempo.

 

 

 

 

La récompense au sommet avec un panorama splendide entre le le Pic du Midi de Bigorre et le Pic d’Annie, en passant par le Gabizos, l’Ossau….Au sommet il ne faut pas avoir peur du calme et de la solitude!

 

Os aseguro que merece la pena, por lo menos una vez, contemplar la visión especial de la otra vertiente.  La otra cara de nuestro Pirineo, tanto del Norte como del Sur.

Un descanso, como decía y ante la visión de un rebaño de ovejas que pastaba tranquilamente en el collado próximo comenzar a buscar la ola, surfeando sobre el verdín, descendiendo hacia menores presiones, toreando las trías, cabalgando nuestra máquina como si voláramos en el espacio sin peso ni gravedad.  (Ojo-cuida, que sí que la hay, es más como falles te metes una tollina que se te pelean los dientes por salir de la boca).

Rodear, picos, el de Coos, y cualquiera que nos impidiera un descenso limpio.  Praderío impresionante, mar de verde, ondulado por el aire pirenaico, vegetación de ladera y sobre todo Pirineo Atlántico.  No hay mejor cosa que navegar con viento a favor, descendiendo hacia los puntos clave de la ruta, que en este caso era un refugio de pastores junto a un Col, d’Agnoures (de los corderitos) que nos volvió a recompensar con una suerte inmensa.  En busca de agua bajamos a solicitar a los moradores del lugar un poco de favor.  Y no sólo hallamos eso, sino que departimos ampliamente (seguro que lo creéis, porque portera que es una no puede negarlo, no se debe callar ni debajo del agua).  Y en estas estábamos hablando con los franceses, tomando agua fresca y riendo con las cosas de unos y otros, que casi no hacen tomar un Ricard.  Salvada la papeleta, sin acercarnos a tan pestilente licor, salimos antes de quedarnos a merendar con ellos.  Continuons.  Col de los Borreguitos.

Lamadrequeparioalosputoscorderos.  Dremía qué desnivel.  Clavos, cuerdas, arnés.  Los putos borregos estaban cogidos a la ladera con velcro.  Supu**amadre.  Menos mal que llevo un ancla para estas ocasiones (con 4 pistones por freno y discos de 203) porque la bajada está hecha “con conocimiento”.  Entras en el mar de helechos y ya puedes hacer ceprén con el ojo de Mordor.  Culo atrás leí una vez en una manual de técnica. Ni de broma.  Tu cubierta trasera debe dejarte la forcacha del culo en carne viva si quieres mantenerte sobre la bici en una posición honorable.  La tracción será compensada sino caerás como un tocino, para ello siempre están las ****as raíces, los agujeros bomba, los helechos que tapan la senda y la increíble vegetación que viste toda la ladera.  Pero no todo son sustos, sobresaltos y tensión máxima, también hay trechos de barrizal para revolcarnos como los jabalines y trías holladas por las vaquitas que dejan el suelo en perfecto estado operativo, amén de las tormentas que derribaron en su día más de 5 ó 6 troncos de hayas.

No todo es como lo he pintado.  Realmente sí lo encontraréis, en tanto no pasen los Comunes a reparar las sendas, pero la verdad es que una vez dentro del bosque y a pesar de que tiene más trampas que una película de chinos el sendero serpenteante entre las hayas y con zetas imposibles, sobre raíces de ensueño que parece estemos en Nueva Zelanda, o con unos virajes de tensión máxima, es apto para aquellos más valientes y técnicos que disfrutarán de un descenso “estilo Asieso” por la zona empinada.  Gozons.  Más tarde se abre en una pista que durante buen rato nos lleva por la ladera hasta casi dejarnos en la gloriosa sorpresa final, por no esperada.  Una zona que se transforma en un “rock garden” delicado, técnico, que te pone los pelos del culo a punto de nieve.  No exagero ni poco, ni nada, un despiste y das más volteretas que un gato.  Pelín delicado, ensalada de lavadoras con pocas trazadas que satisfacen al más exigente, limpio como espada de vegetación te fija tu punto de mira sobre la trazada apropiada.  Batidora que ayuda a soltar músculo, total no llevaremos más que 1550+ de desnivel y a estas alturas te pilla el Rocko Sigfredi y dudo mucho que lo notes.  En fin, un colofón de gloria bendita para un endurero que sabía que necesitaba rodar por helechos, prados, caliza, territorio diferente, francés….pirenaico en suma.

Final con un par de ámbars, coca-colas, isostar y todo el líquido que pillamos.  Un refrigerio a base de bocatas de competi y una vez cambiados, de vuelta.  Portería, comentario, sonrisas y ya pensando en cuando volver por este territorio.

Un consejo.  No os lo penséis.  Visitad a nuestros primos occitanos. Dar un paseo por la France.  Arremangaos y a darle.  No saldréis indiferentes.

Pdta.  Monsieur Grasa y resto de colegas.  En pompa que ya está cocinando la siguiente.  ¡Qué bueno el Comfortably Numb del tío Gilmour en Pompeia.  Viejuno.

 

Soy Tija.  Lagar-Tija.  Nos vemos en las sendas.  Un abrazo fuerte.

 

Datos técnicos.  Aquí está toda la info.

https://es.wikiloc.com/rutas-mountain-bike/moulle-de-jaut-et-col-lallene-11333648

En el Col d¡Agnoures, debéis coger el sendero que toma a la derecha sobre el collado para ir por la ladera de la derecha entrando y saliendo del bosque dirección a Aste.

https://www.strava.com/activities/3868544238          

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18 de enero de 2020 en el very, very, very, lejano FAR WEST BILBILITANO.

 

Me dio un hari y me fui p’a Calatayud, a costa de salvar más horas de patio de colegio con los chicos que un esquimal haciendo guardia en el polo.  Fíjate si pasé frío que ahora duermo en el porche de mi casi sin manta ni picardías.  Mi último tren llegaba con retraso, así que decidí aceptar el trueque de padre responsable por pescadilla congelada.

Yo era un virus convalenciente, con el filtro de aire cegado por los mocos, cansado y sin entrenamiento.  Pero eso no iba a ser óbice para que como buen ex-endurero de pro supiera sufrir la mañana de sábado entre el hielo y el barro de la Sierra de Armantes.

Ninguna zona vale ese esfuerzo, pensé mientras dejaba mi chupa de bici en el asiento delantero y salía del coche a tomar un cafelito o un almuerzo.  Pintaba regular, pero mi mente se movía por otros derroteros, con el culo pelao de hacer monte en invierno, iría mal hasta que el hielo derritiera el alcohol de las cervezas de la noche anterior.

 

Cuando salí, por fin, del bareto sentí que las campanas del pasado repicaban a duelo.  La última vez que oía esa melodía me recetaron dos meses y un día de parón a consecuencia de un piñazo’l 15 rodando por el suelo.  Cosas de la sintocinación.

Para jugar al Black Jack y ser un duro, andar escaso de efectivo, es igual que pretender envidar, con un farol, al futuro, No por casualidad, me temen en los caminos, me daban diez patadas en los glandes por una vuelta en bici sin meterme un tollino.

Los besos que te dan las piedras malas, salen más caros cuando los regalan, y huelen a tollina, pero el croupier me echaba cartas buenas, y la senda se dejaba llevar y la salida era una de las buenas, por los barrancos del viejo Bilbilis.

 

 

 

Por fin, un rutón, de las salidas oficiales del Club, esta primera de enero. Nos fuimos demorando, entre fotos, barro y portería.  Así que los que al principio auguraban un día chungo, les dije exagerando su agudeza se habían quedado cortos, jaja.

Puede que estuviera disfrutando, porque, antes del bocata, cambié de bando, de chupa y pensamiento, mi colega dispuso una opción por algunas variantes, fingiendo que el suelo no tendría barro o que al menos se podría rodar y así el grupo no dijo más sobre el asunto y ciclamos con pleno convencimiento.  Ni siquiera, señores del jurado, padezco, como alega mi abogado, locura transitoria, me apunté al salidón que yo quería, con premeditación, alevosía, y más pena que gloria.

 

 

 

Para salir al monte en esta época tienes que hacer de tripas corazón, salir, disfrutar y apechugar con lo que te venga, barro, hielo, poco grip e incluso una chuflaina agazapada detrás del primer tomillo que veas.

Para volver a ser alguien, en el ambiente, necesitaba un par de rutas potentes, algo para probar mis vicios nuevos comprados desde el sofá y una crónica decente.  No dan para pedalear las salidas de un par de horas y unas vueltas por la red hablando sobre recuerdos de sillón y salidas de fósiles Todos los lunes me acribillan con fotos y muestras de días de monte indecente.

Para no ser un cadáver, en el tranvía, aparte de tener gramática parda, hay que saber que, los descensos son pura lotería.  Con luz de gas brilló mi lámpara de Aladino, celebración y merienda, al final me comí todo, como los grandes, salud y diversión por la salida y por la post ruta de un día de platino.

 

 

 

Versión Lagarto Free-Style del maestro Joaquín Sabina.  La Rubia Platino.  (Forever and ever, master).

 

DATOS TÉCNICOS.

https://vimeo.com/361659650

https://es.wikiloc.com/rutas-mountain-bike/18-enero-armantes-45415723

https://www.relive.cc/view/vQvyzk24w4O

 

Nos vemos en las sendas.  Soy Tija, Lagar-Tija.

 

Disfrutad todo lo que podáis, porque quién sabe si …………………..

 

 

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El Reyno de los Mallos

 

Aquí estoy muerto de frío.  Sufriendo locura transitoria porque no puedo salir al monte debido a una plasta del 15 que llevo desde el día de Reyes.  Unos nervios del demonio, un estrés que más que mono llevo simio.  Así que debido a estos y a otros menesteres voy a comunicarme con el mundo del montalbán por este medio.  Desde mi lugar de postración y duelo les comunico a todos vosotros-ustedes la alegría de poder haber salido por primera vez en el curso del año 2020, que ya se me está haciendo largo.

 

Volver a empezar, otra vez.  Una y otra vez.  Como un aguacero que al caer chapotea y vuelve a llover.  Ya no me dejo llevar, estoy viendo molinos, no sé lo que siento, ¿Cómo una cabra que quieren tirar del campanario?  No quiero.  Sonidos fuera, justo de tiempo.  Otra vez me arranco despacito, no necesito nada, ¿dónde voy?  ¿Dónde está el rebaño?  Mi bici.  Gensanta ¡qué disparidad!  Parece la peli de Apocalipsis Now.  Tendré que sintonizarme un poco para poder canalizar la información de forma que se entienda.  Por fin sabréis dónde hemos ido en la primera salida del año.  Pues bien, me centro.  Ajuste y sintocino.

 

¡Qué bonito es el Reyno de los Mallos!  Debo declarar que me siento bien allí.  Es un placer rodar por valles y cárcavas de las sierras primeras más allá de la Hoya de Huesca.  Su barrera, sus increíbles colores ocres, el campo deja paso a la montaña, ya hay praderas, paisaje agreste.  Quiero mudarme aquí, vivir su libertad, sobre los mallos, en el río, navegar por el río con nombre del país vecino.  Me enfado por la ausencia que queda cuando me voy de Riglos, Murillo de Gállego, Morán, Ayerbe, Linás, Aniés, … y tantas poblaciones que dan cobijo a tan poca población.  Silbo pero no me alejo, sigo con su imagen en mi retina y su monte huele todavía a carrasca y roble, al boj y los cojines de monja que tanto agradan en su consabido masaje aragonés por las pantorrillas cuando pasas a su lado, a las mil flores silvestres que en sus faldas habitan.  Estoy melancólico.  Será por la niebla.

 

Quieto parao. Entro en cortocircoito.  Son demasiados abriles para estar desbocao.  Luego empezaré a darle al pedal.  Todo pasará y volveré a sulfatar de sudor la tierra y a generar calentamiento global.  Mi maltrecho corazón volverá a ver la alegría, el relente de la luz, las gotas de rocío y los colores naturales.  Aunque no sea nada, importa si se está, digo yo.   Tal vez sea un conjunto necesario con todos sus elementos.  Seré de mimbre y no de piedra.  A por todas.  Me doblaré antes de romper y retornaré a lo que me gusta.  ¡Viva la amoxicilina!

 

Ya pasó.  La hipoxia es así.  No respeta a naide.  Tenéis que rodar por la Sierra Caballera, por los Mallos de Riglos, por la zona de La Peña, descender por las sendas de Linás, Santa Marina, Loarre, Rasal, Bentué, etc, etc.  Son una auténtica delicia para cuerpo y mente.  Os lo voy a describir.

 

 

 

 

RIGLOS, PRIMERA DEL 2020. 

Aparcamiento de Riglos, frente a la Francesa. Allí estuvimos una horda vikinga que buscaba escapar de la influencia de la borrasca, buscando en el “meteoblue” las áreas de bonanza y dónde ciclar.  En la capital la gente se zurraba en los pantalones por la cantidad de días de niebla seguidos y entonces aquí, por fin descubrimos la luz del sol.  Bajo el Colorao.  Frente a Ruata y al amparo de los Mallos Pequeños.  Poco nos costó vestirnos y preparar los aperos.  Conectamos los stravas y a rodar.  Es curioso antes para vivir el btt bastaba con respirar, ahora, además hay que tener cobertura…grandes logros, proclamo.

 

Salida de la ruta.  Nada habitual, por la carretera.  Arrastro mi cuerpo escombro por los primeros metros en busca de aire.  Tras una pequeña maniobra de desorientación corregida por nuestro primo Adrián, nos metemos en la verdadera pista que nos cabalga hasta las rampas de los riscos de Os Fils.  Después de unos días de clinic por Bellestar se notan las ambars.  Llevo dos días sin beber (challenge) ….. o no.  Tiro menos que un puro de peseta.  ¡Cómo cuesta subir el desnivel!  La pista es muy agradable y en menos que canta un gato llegamos a la cadena y de ésta las primeras rampas “esquerosas”   Por fin un carasol al abrigo.  Allí con su protección y al calor de los tibios rayos del Astro nos deleitamos con el puro oxígeno.  Bueno, puro, puro, no sé, porque allí el tío Fon se clavó un way-point que se verá reflejado por siglos en muchos mapas de relieve, incluyo captado desde el satélite Soyut soviético y varios de control gps.  Corramos un tupido velo.

 

El buquet anal deja paso al olor a pino, a la humedad y el monte bajo con sus infinitas mezclas.  En nuestro periplo por los Mallos nos encontramos con varias entradas que descienden hacia el mismo sitio y es que suponemos que los aborígenes del lugar están trazando caminos o recuperando sendas con el fin de poder circular por el entorno, cosa que se agradece.  Nosotros seguimos el plan previsto de manera que bajo la ferrata nos dirigimos a la parte más escondida del Barranco de los Clérigos.  Una bajada sencilla y corta nos deja en la parte inferior para ascender, sin solución de continuidad por el barranco del mismo nombre a base de meter el riñón y tirar del ramal de la bici.

 

Hasta Santo Román.  Cosas del directo, que diría aquél.  Entre tanto, bromas y diversión para pasar semejante polvorón.  Hoy la ruta es corta, no tenemos ganas de forzar y a cambio le pedimos lo máximo, unas vistas dignas de la primera salida del año.  Así las cosas, no dejan más opción de subir a la espalda del Mallo Colorao.

 

Dicho y hecho.  Sumido en el mundo bovino, sin pensar, con el culo preto y los dientes rechinando ascendemos pedalada a pedalada hasta consumir las cuatro rampas duras que faltan para cerrar la ruta.  Un grupito de francesas nos contemplan desde su asiento esperando continuar su randonée mientras parten unos elementos a lomos de unas máquinas poco agradecidas hasta ahora.  Es duro remolcar una bici (y eso que son analógicas, nada de e-bikes).  Con poco más llegamos a la entrada de la senda de descenso por entre los mallos.  Lugar de encuentro, con otros amigos, de descanso en la pequeña pradera, parada habitual, de composición de ropajes y ajustes diversos.

 

Settings listos.  Me pongo las gafas de follar de cerca.  Todo listo.  Empezamos a rodar y los bujes notan como les empiezan a mandar mensajes los tapices de piedra.  Tira bujerrón, sufre, marca el terreno con más piedra que hierba.  Aguanta valiente que no te falta ná.  Vas a comprobar in situ lo que es una alfombra de bolos que te va a sacar los colores.  Con esto no digo ná y te lo digo tó.  Es una bajada limpia y rápida.  Si alguien lleva empastes, por favor, los dientes apretados para que se mantengan dentro.  Abrid las suspensiones y dejar que salga el flow.  Esto no es una bajada para mierders.  Aquí se agarra el manillar y soldao hasta los huesos.  Que Dios reparta suerte y ¡ay de aquel que guste del esculenwagen!  Porque no verá vuelta buena en una temporada.  Si aguantas hasta el final como un comando sufrirás, si no, te quedarás trambolico y no podrás decir que ha sido un día de peluquería.

 

Pero por partes.  Hasta el mirador. Gloriosa ensalada de piedras.  Y eso que la senda se mantenía bien.  Ahora toca posar para la posteridad y aportar el toque de glamour sobre una vista de ensueño.  Allí moviendo los brazos como si aparcaramos un avión nos retratábamos una pandilla de retarders que disfrutando de lo lindo dejamos honda mella en una pareja que no salía de su asombro ante tal despliegue de tontuna.  Supongo que pensaron: “A estos nos les han metido una solfa de tortazos en su vida”.  Pero es lo que tiene vivir en sociedad.

Al turrón. Enseguida bajamos por la senda circular que rodea en unprecioso paseo por las nubes disfrutando de la maravillosa trazada, jalonada por todo tipo de trampas.  Un placer de recorrido que deja manso al más pintao.  Y poco quiero decir aquí, salvo la tollina de Joselu que se dejó las costillas en una curva a izquierdas, porque es necesaria la peregrinación al santuario de la roca para consagrarse como endurero.  Si no la has hecho no eres nadie en el ambiente.  Llegada al abrevadero.  Punto final.  Apertura de la válvula GR y liberalización de los gases acumulados en el descenso.  Increíble.

 

Por fin un paseo agradable bajo los árboles nos lleva hasta la población y ya en Riglos directos al aparcamiento y a la terraza de la Francesa.  Una mesa redonda, flanqueada de desastres ecológicos en forma de bikers se dedica al consumo de cereal fermentado y la observación de escaladores.  Espectáculo grandioso afirmo.  Unas rondas después y con el bocadillo a pachas aportado en mitad de la mesa, el muladar queda satisfecho y a punto de pagar las birras.  Con lo que hemos comido y bebido y para lo que nos costó, sólo se puede pedir que el agua sea potable.  O sea, no os lo penséis.  A reponer fuerzas, a disfrutar y sobre todo …¿dónde vais a estar peor que en casa?

 

 

 

DATOS TÉCNICOS.

https://www.strava.com/activities/2981049536

https://es.wikiloc.com/rutas-mountain-bike/riglos-la-hoya-enduro-bike-2018-tc3-23006514

 

Suerte a todos.  Nos vemos en las sendas.  Soy Tija, Lagar Tija.

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Enduroland, nueva referencia en el mundo del montalbán (Btt)

ENDUROLAND; nueva referencia en el mundo del montalbán (Btt).

Hola a tutti.  Hace algún tiempo que no escribo y casi se me habrá olvidado, por eso pido un poco de paciencia en la lectura y la comprensión del texto.  Con el fin de intentar transmitir lo que hemos vivido este fin de semana en una de las nuevas atracciones del btt oregonés por tierras del Sur del Reyno, procedo al relato.  Con todos ustedes-vosotros ENDUROLAND.

Como reza su página de inicio: “A caballo entre Castellón y Teruel, los municipios que actualmente integran Enduroland son: Fuentes de Rubielos y Olba en Teruel, y Puebla de Arenoso en Castellón. Se trata de una zona privilegiada muy escarpada y con paisajes brutales, a tan solo una hora y media de Valencia o Castellón y cuarenta y cinco minutos de Teruel. El embalse de Arenoso es el eje sobre el que circunvalan las rutas.”

Totalmente acertada la descripción.  Lástima que en un medio telemático como éste no puedan plasmarse las emociones que hemos descubierto, las más sublimes y las más perversas.  Ahora se agolpan en nuestras retinas, puesto que no han pasado más que unas pocas horas desde que abandonamos el lugar.  Si empezamos por el principio tal vez deba dirigiros a la página que soporta toda la información al efecto, de esta actividad:

https://endurolandmtb.com/sobre-nosotros/que-es-enduroland-mtb/

A partir de aquí y después de una visita en profundidad veréis que existe una completa filosofía de entender la bici de montaña, la cual se parece muchísimo a la nuestra, aquí en la Jacetania.

https://m.facebook.com/endurolandmtb/videos/525617331348437

Por eso creo de justicia dar a conocer un proyecto tan interesante y elaborado como éste (aunque no sea novedad para muchos de vosotros) y que se aproxima a la forma de ver las cosas que tenemos en otros lugares de este Reyno aragonés.

Así las cosas, tras una pequeña introducción, paso a relatarles sin más prolegómenos todo lo acontecido allende el “Ebro River”.

  • Día de autos. 26-27 octubre del año del Señor, 2019.
  • Plan: Reunión mensual del club As Cimas.
  • Promotor: El Gallego, adoptado como maño, Rey del Kh7, conocedor incansable del mundo mundial, Señor de los Dunaday, Montaraz de enduro y con más kms en sus espaldas, que el baúl de la Piquer.
  • + ¿El de la Paqui?
  • – Sí, el pequeño.
  • + Manuel.

Lo sucedido. Ahí va el Ebro.

Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo. Siete para los Señores Enanos en Casas de Piedra. Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir. Uno para el Señor Oscuro, sobre el Trono Oscuro en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras. Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.

¡Ah no!  Esto es otra guerra.  Nosotros “semos orcos” pero de otra categoría.  De esos que se visten con ropajes raros que llaman de enduro, baggies, camiseticas de colorines, calcetines fosfos, y bicis más raras que un perro verde.  No digo más.

 

Llegamos a la población de salida, en un pequeño pueblo castellonense que se llama La Monzona y nada más vernos no nos llevamos un jadonazo en los dientes, porque éramos muchos, que si no… vamos.  Nos recibió una señora que giró la cabeza como un búho, 360º, mientras se encomendaba a su Hacedor al ver semejante reata de gallifantes.  ¡Pobreta!  Su asombro era tal que su cara parecía el dos de oros. Allí en la plaza cambiándonos de ropa pudimos hacer gala de unos cuerpo-escombros, dignos de las mejores tabernas vikingas. Pero por si eso no fuera suficiente, el lenguaje, la parafernalia y el despliegue técnico superaba con mucho las expectativas de los aborígenes del lugar que ya empiezan a reconocer en estos grupos una forma de vida alienígena diferente, pero en la Tierra. Las sucesivas visitas y el quehacer repetitivo a lo largo de la temporada en el fondo no va mal para dar a conocer su tierra natal, preciosa, dicho sea de paso, y con unas posibilidades ingentes a nivel deportivo, amén de la canalización de recursos para una economía que se verá beneficiada por el trasiego de visitantes.

 

Salvado este primer escollo toca empezar la ruta.  No tengo ni idea de lo que vamos a hacer, pero en estos asuntos yo soy mucho de confiar en la organización; así que adelante. En línea de salida formación para la foto, cosa que se agradece ya que después empezará la subida y los doce dioses del Olimpo pondrán a cada uno en su sitio.

 

Inicio ruta.  Pistarrón.  Todo fue un espejismo, tras 10 metros de senda salimos a una pista de tierra con una pendiente bastante notoria que hará las delicias de unas patas sin calentar y un cuerpo recién salido del coche, cuasientumecido.  Pero al pan, pan, y al pedal con fuerza. Patapúm p’arriba. 1 km de calentamiento tipo olla-express para continuar con kilómetro y medio de llaneo-bajada, nos preparan el corazón para afrontar las subidas de casi 4 km hasta el punto de encuentro y cruce. La verdad es que se deja subir bien, salvo algún desnivel, pero la tranquilidad y el entorno del pinar bajo que rodea nuestro camino compensa con mucho el esfuerzo.  Las vistas son inmejorables.  La sensación es de estar inmerso en un mar de pinos y bosque y cuando ya sudas hasta por la retina llegas al primer enlace crucial.

He aquí que las masadas por cualquier lugar dispersas, jalonan todo el monte recordando cómo vivían hasta hace poco los habitantes de estos enclaves.  Son ventas, caseríos ligados al transporte y a la atención de viajeros, sin olvidar la explotación agropecuaria, que podrían volver a tener un uso turístico y cultural, al encontrarse en parajes naturales de gran belleza, al lado de carreteras y caminos.  Algunos Centros de Estudios apuestan por que ventas, caseríos, torres y masías se integren como elementos patrimoniales en las numerosas rutas culturales y deportivas.  La despoblación, la desertización y el olvido hablan del éxodo del mundo masovero a la ciudad y del abandono de estos edificios agropecuarios. “Es una historia de perdedores”, al tiempo que recuerda la emoción que despierta el descubrir un “mundo de supervivencia” que representan las masías.  Vale, que me pongo nostálgico. Al turrón.

Estamos en cruce, sudados, con cara de necesitar una bajada.  La manada está lista para la primera emoción del día, y el personal ya ha empezado a tirar del camel back.  La temperatura acompaña y el calor no es excesivo pero las condiciones ambientales son de cualquier época menos de invierno. Así que bien mojadicos nos preparamos con protecciones, manga larga, etc, etc, para iniciar el repaso sendil.  A mí no me gusta hablar, pero algunas de las unidades que forman el grupo empiezan el proceso de descompresión gaseosa y eso que sólo llevan 7 km.  Ahí lo dejo.  No quiero pensar qué ocurrirá cuando llevemos la mitad de la ruta.  En fin, menos mal que en el monte casi todo está permitido en materia de etiqueta.  Yo como soy estrecho de piel, cuando me estiro se me abre en el entendimiento…. y acompaño.  (No os riais que todos hacéis lo mismo, si no explotaríais, por eso el cuerpo tiene una válvula de escape, como mínimo.  Pdta no es lo mismo riais que rileis, porsica).

 

Pero a lo que voy vengo.  La senda se abre pedaleadora y poco complicada, tapizada de acículas de pino y vegetación de monte bajo, limpia en general. Lo que sí me gustó mucho son las piedras típicas de la zona que incrustadas en mitad de la trazada te obligan a mantener una atención continuada sobre lo que estás haciendo pudiendo perder no sólo el control sobre tu máquina sino además algún diente si descuidas este requisito.  Caliza, rocalla viva, cruza el sendero, jalona el camino, te acompaña en tu bajada y te somete a un ejercicio de habilidad que motiva y hace que la bajada a pesar de no tener excesiva inclinación te fuerce en pericia y habilidad.  No hay que asustar a nadie, salvo un par de sitios que de verdad merecen cuidado extremo, dado lo estrecho del paso y lo delicado de la trazada entre las piedras están hechos “a plena satisfacción del cliente”.  Llegado a este punto, es de agradecer el trabajo de cajeado de las sendas, las aguaderas de evacuación de aguas y la limpieza de los caminos que ha llevado a cabo el equipo de Enduroland.

Y así fue por dos ocasiones, en las que lo único que cambió fue la orientación de la segunda bajada de senda, que también acabó en La Monzona.  Hay que hacer notar que también existe una variante que hizo “el grupo que no se equivocó”, y que les llevó directamente por una senda sube y baja hasta La Puebla de Arenoso y que a juicio del personal estuvo realmente bien.

Paradica en el bar de la Puebla. Toca reponer líquidos y fluidos varios.  Aparcamos y en estampida nos avalanzamos al interior “como una instalación”.  Después de marear a la señora del bar y de pedir tropecientasmil jarras, bocatas, platos de olivas negras, etc, etc, etc, nos dispusimos a darle p’al pelo a los bocadillos y comida que llevábamos para la ruta.  El local es un bar de pueblo como cualquiera de los que podéis ver en el Cuéntame cómo pasó, pero ¡ojico! dentro hay un comedor con una cristalera con unas vistas sobre el embalse de Arenoso, increíbles, igual me quedo corto, preciosas y una muy acogedora estancia-comedor.  Eso sin nombrar el hogar con brasa que tenéis al final de la habitación.  Desde aquí os animo a que lo visitéis para que podáis comprobar todo lo dicho.

 

Y sin más llegó el artífice de este proyecto.  Vicent.  Un compañero del pedal con el que me hubiera gustado charrar un rato (esta vez ya más en serio sobre muchas cosas) pero al que acosamos (sexualmente hablando) porque no se lo ocurrió otra cosa que sacar unas camisetas bien guapas de enduroland.  Así que como buitres nos dispusimos a la prueba de las prendas. Allí, bien de lucir torsos sudorosos, abobinables, perdón abdominales bien marcados (la mayoría sólo un abdominal) y esa molla king size digna de cualquier maestro cervecero.  Como dice un colega mío:  “A ciertas edades…. mejor por detrás”. Pues eso, colaboración con la causa, apoyo total al promotor, despedida y cierre.

Ahora …. toca ponerse sobre la bici.  Yo no puedo.  Me caigo por los dos lados.  Colocar el sillín “by the ojal” con la cantidad de metros, calor, mojadina y demás es una prueba que ya quisiera ver pasar a muchos deportistas sufridos.  Desde la Puebla hasta Olba y los pueblecicos o masadas que te encuentras por la senda que sigue al río Mijares es un puro espectáculo.  Al principio es carretera y debemos tener precaución, seguir las normas y cuidar nuestra seguridad, pero una vez dentro del soto, la chopera, el camino bajo las piedras que sostienen las paredes que fabrican exiguas tablas de cultivo, las continuas formaciones agrícolas y los edificios que aparecen a ambos lados del camino como población dispersa nos deparan un paisaje embriagador.  Esto es como todo.  Yo soy tipo Dori, el pez sin memoria de buscando a Nemo.  Así que no suponía lo que me esperaba.  Nada más salir de la vega del río empieza una rampa “esquerosa” que no parecía tener final.  Rampa.  Curva.  A ver si allí acaba.  N’a mierda.  Rampa más dura.  Curva con pinos.  Venga, allí igual acaba.  No te lo crees ni tú.  Ya no sé por dónde sudar.  Rampón.  Mecagonlavirgendarcosyelcuramainar.  Uffffffff.

Hasta el final.  Sí.  Al final se acaba la rampa. Después de 4 km de rampón con desniveles de dos dígitos pudimos ver la luz.  No puedo más.  Estoy “deshilachao”.  Más bien deshidratado.  Es el momento clave de toda la ruta.  Ya no tenemos mucha fuerza (algunos), y existen variantes como para estar aquí varios días.  Cada una ofrece algo distinto y aquí con muy buen criterio la organización decide combinar sendas hasta llegar a La Monzona, que fue nuestro punto de partida.

No sé si comentar.  Fue glorioso, increible, técnico, duro, majestuoso, paisajísticamente hablando un lujo asiático. Pero vayamos por partes como dijo Jack el destripador.  Empezamos por la senda de bajada hacia Olba por una caja limpia y rápida, perfecta, casi demasiado.  La velocidad por tanto crece por momentos hasta llegar a asustar.  Llegado un punto se vuelve a ciclar por terreno técnico, sube y baja que merece la pena para contener el ansia y disfrutar de las vistas.  Acto seguido cambia el suelo y empiezan a aparecen las rocas calizas en tal medida que se transforma en un tapiz, cortado, cruzado, base y cimiento del camino, como empedrado, pero “ay amijo” mucho cuidadín porque ya sabéis que este tipo de piedra se erosiona con facilidad por el agua y tienen una especie de rimayas que la cruzan en las que si metes la rueda delantera la voltereta es tal que se te pelean los dientes por salir de la boca.  Es un placer conducir tanto de subida como de bajada por esta senda.  No es mucha distancia la que llevamos recorrida cuando aparece el cruce a Olba y en el colladete también el GR que en bajada, flanqueado de muretes de piedra, dirige a La Monzona.  Opción B.  Por el GR. Esto pinta genial, me pongo las “gafas de follar de cerca”.  Empieza la fiesta.  Senda de tuttiplén, con pavés tipo aberroncho, empedrado de lavadoras, bolos como la cabeza de un taustano, rebote abierto al máximo y suspensiones haciendo horas extras.  Lamadrelcordero qué pasada.  Unos botes como las cabras y la tija al mínimo proponen mayor velocidad, curvas de peraltes y nervios a flor de piel, saltos sobre raíces que te ponen las venas como un pantalón de pana y los ojos se salen de las órbitas, velocidad, velocidad, velocidad…. y una curva,…………yeeeeeeeeeeeeeeep ojoquetecomeslacurvapischaaaaaa. Manolito no me la saques que me entra el aire. Ahora voy en esta curva y te hago un Hamilton para que te vayas enterando, pringao.  Ains qué pasada de senda. También con sus tramos de pedaleo cortos, pero que te sirven para centrar un poco las ideas. Y cuando ya no puedes más, de repente y sin aviso aparece el final.  Nooooooooooooooooooooooo, dame más, quiero más.  Pero por otro lado, que no el atrás, las fuerzas ya no están, algunos ya vamos de prestao, y con ganas de comentar la jugada en el bar.  Final.  Rampón hasta el coche y a recoger los bártulos.

Toca cambiarse de ropa y recoger los aperos en la plaza del pueblo.  El mundo porcino inunda el lugar porque 18 aberronchos bien sudaos dan para contaminar una buena superficie.  Me río de Janeiro lo bien que lo pasemos, cómo disfrutemos y ¿tú no estastes?  Eso tiene solución. Visita Enduroland cuando puedas, no lo dejes pasar.

Pie de foto:  ¡Qué feos sois, cabrones!  San Pablo, a los Adefesios.

Fin de fiesta en Olba.  El albergue que regenta Eva es un buen lugar para el descanso y reparación de cuerpos y mentes, allí nos fuimos a echar un caldo exquisito y unas birras (por cierto, que casi toda la colección de ámbar está en su poder) para comentar la jugada, disfrutar de la compañía y sobre todo descansar en el maravilloso y exquisito “flavour chotuno” (olor a choto).  Y con esto y un bizcocho…no me hagáis la rima.  See you, little canal sparrows.

Un abrazo muy fuerte y nos vemos en las sendas. Soy Tija, Lagar-Tija.

 

Os ofrecemos una serie de datos técnicos y soporte para cualquier desplazamiento que esperamos os sea de utilidad.

Técnica:

Infraestructuras y soporte.

Servicios:  https://endurolandmtb.com/servicios/

 

 

NOTA IMPORTANTE.  Hay espacio para todos y para todo tipo de actividades.  Por favor comparte la filosofía de cada zona y sé respetuoso con lo que allí se practica.  Existen limitaciones para poder compartir nuestro deporte con los demás.  COMPARTE-CONVIVE-DISFRUTA.

Lagartija

ALBERTO PUYUELO SAMITIER.

 

 

 

 

 

 

 

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PRIMAVERA. Vente a Biel.

 

Hypoxia mode.  Biel o el enduro turístico.

 

Cuaderno de bitácora.  Planeta asfalto.

 

Año 2149 de nuestra Galaxia.  Hoy domingo he desayunado como para una boda. Llevo las piernas que parece me haya follado un gato y el “Ojo de Mordor” progresa adecuadamente; mi piel muestra un color anaranjado, pulido, brillante y lleno de esplendor, producto de una exposición al sol el día de autos.  Estoy vago.  En lo único que me diferencio de una planta es que ella hace la fotosíntesis.

De una descripción somera, aunque interesante, de una ruta especial -a estas alturas del año- tal vez deba pasarse a un comentario exhaustivo de un magnífico día de comedia y montalbán (o al revés).  Un paseo por las nubes……..o por Biel, o miaquémeséyo.

Como dice Tarrino, al bajar del coche estábamos más blancos que una taza de water, pero, eso era al principio.  Un poco de cremita al punto de mañana en el mismo aparcamiento de Biel puede aliviar mucho futuras insolaciones provocadas por el astro rey.  Cierto es que durante un buen rato a su merced puedes acabar como una tostada, pero realmente … al final es así.  Hay que vigilar nuestra salud, y en eso estábamos cuando de repente…

Por orden.  Un poco de concierto, sis plau.

 

Biel.  Día D. Hora zulú. Planes.  Todo.

Despegue:  Día estelar de nuestra galaxia, 16 de marzo.  Hora, prontico, sobre las 9.30.  Bien peinados y limpios como una espada.  Allí aparecemos 15 mardanos vestidos de romanos dispuestos a dejarnos la piel en el pellejo dando pedales por la Sierra de Biel y Santo Domingo.  Esta vez toca describir el lugar para aquellos espíritus pobres que no conozcan la zona y gusten de un baño de sensaciones agradable, divertido y reparador al final de ruta en los pocos bares de la zona.  Pocos, pero con calidad, es justo reconocer a quien trabaja bien y aquí su mención. Te tomas un café y sabe bien y no hay efectos colaterales porque alguna vez me ha pasado que pienso que le llaman café con leche porque “dame veneno que quiero morir” ya estaba pillado por los Chunguitos.  Y otra cosa que me gusta destacar siempre es la calidad humana de las personas con las que nos cruzamos por nuestros pueblos, no como muchos de los bloques de los vecinos de las ciudades que parece que les hayan afectado los recortes en educación.  ¡Coño!  Saluda.

 

Por otra parte, que no la de atrás, empezamos bien la mañana, de cojón de mico que diría aquel.  Varias multas de tráfico en el camino de ida, unas gafas rotas al pisarlas de forma descuidada, un camel-back que perdía más aceite que Carmen de Mairena, y todo tipo de desgracias concatenadas.  Con todo este enjambre de circunstancias sobrevolando nuestra áurea tocaba protegerse porque en una de éstas podría acontecer un desenlace fatal, una caída, un embarazo, un diente o cualquier desgracia que el Maligno tuviera a voluntad.  Era un miedo cerval, como el de echarse mano al bolsillo y no sentir el móvil.

Aun así y todo iba adelante.  Rodeado de algarrobos, de bicis raras y material de todo tipo, desde la conquista de América no se debía haber visto cosa igual en estos pueblos de Dios.  Una manada de vikingos ataviados de grana y oro con bichos raros para dar pedales, de formas “estrambólicas” y lenguaje también desconocido.  ¿Feos? NO. Es como preguntar a nuestras mujeres sobre esas visiones.  Su respuesta es evidente: “Te tiene que gustar a ti”.  Está claro, tienes una pinta de orco de Mordor, que te rilas por la garrilla.  ¿Acaso serán extraterrestres?  Supongo que si alguien nos hubiera visto seguramente nos hubiera mirado como las vacas al tren.  Pero vamos, que a mí también me pasa.  A veces pienso que España puede salir de la crisis… y luego veo a niñatos de 16 años con las cejas depiladas y se me pasa.  Pues esta visión, igual.

 

Mientras tanto en el Reyno de Oregón, pistoletazo de salida.  Nos conjuramos en sonrisa inicial con la mirada puesta en la parte superior de la val, oteando por encima de la primera línea de árboles buscando el final, la meta o por lo menos el primer collado.  Me echo al monte.  Como si saliera de cervezas con el 78% de batería.  Ahí.  Que sea lo que Dios quiera.  En nada y por sorpresa nos introdujimos en un barranco con pendiente, apellidado “Del Correo” que empezó a inclinarse hasta límites insospechados.  El firme, por decir algo, era … ¿cómo decirlo?  Ya está, ma ha venío, era “esqueroso”.  De piedra redonda, cantos rodados, como cabezas de crío, un tapiz de bolos intratable, infranqueable desnivel pestoso difícilmente evitable.  Un mar de pedrolos.  Había otra opción, pero no convenía al asunto que nos llevábamos entre manos así que la decisión del equipo de ruta no era discutible. Como reza el dicho: Jugar y perder, pagar y callar.  Al mal tiempo buena cara, así aproveché para contar mi experiencia en los rayos X, que me hicieron esa misma semana en la zona de mi lesión, sacro-ilíaca-lumbar-perifóllica, (vamos, en la lomera) que ya voy a tomar como crónica, porque no evoluciona como los pokemon, sino que se hace más bien resistente a todo tratamiento, incluida a la ámbar requetefresca.  Por decirlo elegantemente, mi relato expuesto con una visión particular de la situación, sin exagerar miaja, porqueeeee como dice nuestro refranero, los niños, los borrachos y los leggins siempre dicen la verdad, aunque sea maqueada.  Risión y descontrol para obviar el desnivel.  Bueno, pues eso, que entre ponte bien y estate quieta nos olvidamos de la merdé de subida para llegar al primer collado que era la antesala de nuestro primer sendero de recompensa a la tenacidad y esfuerzo inicial.  Aquí el tío Sherpa deleitó con una sesión del Club de la Comedia para solaz reparador del personal mientras el grupo se ataviaba con las protecciones que servirían en el descenso por la senda hacia el refugio de la Artica.  Un bosque de hayas, tapizado de hojarasca, de ramas y más trampas que una película de chinos.  No se puede pedir más.  Era “naturalmente maravilloso”.  Una senda más bien cortica, muy bien alicatada, con sus baches, sus ramas de avellano, sus hayas frondosas, los gnomos y una incontable cohorte de zarzas dispuestas a abrazarte.  Si es que el bosque nos quiere.  Ya te lo digo yo, “mi amol”.

Poca recompensa fue el llegar hasta el refugio porque sin solución de continuidad nos metimos en la pista que asciende al collado que otorga vistas sobre el Puig Moné y el borrado de memoria fue rápido.  El remonte a la zona superior es breve. Ahora toca descansar, comer algo, comentar la jugada y empezar a contar las subidas realizadas.  Ya se sentía el jambre, mucha jambre.  Aquí ya no se hacía ascos a nada como en el comedor de la oficina.  Allí ves un yoghurt caducado de un día y no te lo comes, pero el sábado noche seguro que te meten droga que ha viajado 12.000 km metida en culo de alguien y p’alante.  En fin que hay gente p’a to.  El calor es insoportable y la humedad del bosque nos hace sudar hasta la goma de la braga.  Ya he perdido 1 litro mínimo por todos los poros de mi cuerpo serrano.  Y no es poco decir.  También es el momento de los retratos y las tontadas, debido a la hipoxia, la pérdida del sentido de la razón y el poco conocimiento que ya de serie viene instalado en algunas cabecicas, hace que sea el conjunto perfecto para irradiar tontería.  ¡Qué más se puede pedir a una mañana de diversión!  En esas estábamos cuando alguien decidió que debíamos de bajar de nuevo al refugio de la Artica para continuar viaje.  Y es que claro, íbamos a contrarreloj y las horas de sol mandaban.  Allí los guías recios de la manada, chascando el látigo, y a golpe de arenga y vozarrón urgían a las tropas a ponerse nuevamente las protecciones para bajar por el sendero jalonado de tocones de árboles y arbustos recién arreglados.  Dignas de voltereta estas ramificaciones, unido a la tontada y al hacer medio medio que algunos tenemos presentan la ecuación perfecta de la tollina integral.  En resumidas cuentas, una voltereta cum laude a la primera de cambio.  Pero no, esta vez no.  Algún susto y poco más se provocó en la bajada, por tanto, en líneas generales muy noble y divertida.

 

 

Una vez abajo la primera incidencia del día.  ¿Cuál es?  Se preguntará el ávido lector, curioso y enternecido por la descripción del monte.  Pues no es otra que la del Tío La Vara.  Azote de maleantes, cuidador del Medio, látigo de malvados y gente sin freno que manchamos el monte.  Gruñido del macho alfa a todos aquellos que tiramos los residuos orgánicos al suelo, recuerdo incansable y tenaz de la limpieza, fan del KH7 y demás atributos con su voz de mando, báculo en mano, cetro y trono en las fotografías, amén de ese porte gallardo y conquistador………..(jodofloro, luego lo veis y …bueno os pondré una foto, jeeeee) con recio mando y sin bacilar lo más mínimo, impasible el ademán infundió tal respeto que no sólo recogimos las cáscaras de plátano sino que acabamos pasando la mopa por debajo de los árboles.  Todo esto dicho sin exagerar un ápice.  Pero a lo que voy vengo.

Enseguida tiramos pista aislante.  O sea palante.  Como los de Alicante.  Unos pocos kms de pista “esquerosa” de tierra recién arreglada que había dejado la capa de rodadura movida y como no había sido compactada, porque a criterio de nuestro técnico favorito no hubiera ganado nada con pasarle un molón de los gordos, salían polvo y tierra a partes iguales secando nuestras mucosas y haciendo más dura si cabe la subida entre el calor, el esfuerzo, las horas sobre la bici y lo que faltaba por venir.  Pero no es más que otra incidencia en el día, nada destacable que no sea reparado con un trago de isostar azul o powerade, de los que te hace cagar un mojón radioactivo que se ve desde el bloque del vecino.  Arreglar el cuerpo, lo arregla, sí, no digo que no, recuperas sales, también, pero coño que al final con el culo encendido pareces un gusiluz. 

Me distraigo.  Hacia la parte superior del mirador, frente al Puig Moné, en Malpaso y en franca subida, expuestos bajo las inclemencias del sol, por una pista ancha, larga, recta llegamos al mirador.  Aquí encontramos dos paisanos “sin ganas de charrar” que si nos dejamos nos ponen la cabeza como un bombo, aunque se agradece compartir espacios y aficiones.

Un paseo por las nubes.  Una vuelta en 360º alrededor de un mirador privilegiado.  Desde Sto Domingo al Norte hasta la Plana de Uesca al Sur.  Vista de las que no se puede uno perder.  Recuerdo que guardarás durante mucho tiempo.  Descanso y paz, y pinchazo de Tito.  Hay que arreglar.  El personal volcado en colaboraciones (salvo de Hobbie de Figueruelas que participó a última hora “pretando” alguna cosa) resolvió en poco el inconveniente.  Claro es, había que descender por el cordal de piedra y era totalmente necesario.  La bajada es buena, la primera parte sobre un sendero “Osqueta Style” incluida el centrifugado y la tollina del tío Rubén, de la que debo mencionar la suerte que tuvo de no clavarse el tocón de boj sobre el que se golpeó por debajo del casco integral. Menos mal que es un tío duro, para eso es de Belchite.  Seguimos bajando sobre la roca caliza, redondeada y mal colocada, haciendo cabriolas, requiebros, maniobras pensadas y ensayadas cien veces, con las que disfrutamos más que un mico con lombrices en …. Pues eso.

Y por fin llegó el fin.  Una cerca para el ganado, un cruce, un pastor eléctrico nos frena y nos invita a ver el desvío, sopesar la ruta a elegir y a tomar un sendero a media ladera que nos trasportará a través de los frondoso del bosque hasta el Pígalo.  Precioso lugar, pintoresco y atractivo, mil veces visitado, más comentado y curioso que otros por la zona y poza de baño obligado a la gente del lugar.  He aquí que mi alma se encogió cuando el gallego Manuel se tiró hacia el agua, haciendo el Cristo, de una altura considerable sobre el líquido chelado, sin saber qué le esperaba.  ¿Se le encogerá el …? ¿Se le pegarán atrás como a los tigres? ¿Tendrá que utilizar el jet stender o alargador de ** debido al agua helada? ¿La diferencia de presión le provocará lesiones irreversibles en sálvese la parte?  Por la cabeza, lo digo.  Guarrrrros.  No. La respuesta es no.  Salió igualico que entró, sin talento y con ese body serrano que evita todos los gimnasios.  Un lujo para la vista y el alma de los más pervertidos.

Seguimos ruta.  Esta vez tras aprovisionarnos de agua en el camping, que podía haber estado abierto para avituallar de líquido elemento de cebada a nuestros resecos continentes de pecadoras almas, pero no.  Mecagonsuestampa.  Lástima pille cagaleras, que cuando tosa, efectúe y si pare revi…………  En fin.  Que me enciendo.

Arriba.  Hay que subir, arriba.  Esas palabras resonaban en mi interior cuando cruzamos el río en dirección a lo más hondo del valle para adentrarnos en busca del “anillo de los hombres”.  Eso parecía.  Un barranco espeso, profundo, con muchísima humedad, bien tupido y muy vestido nos protegía esta vez del sol castigador, como en el bosque del Señor de los Anillos”.  Casi se agradece esta circunstancia por la temperatura a la que nos veíamos sometidos aunque es de justicia decir que de vez en cuando salir al sol también nos hacía sentir mejor.  Un buen rato nos pegamos subiendo por la pista bastante bien trazada en cuanto al desnivel.  Las fuerzas flaqueaban y nos temblaban las patas más que si hubiéramos visto al Rocko Sigfredi y estuviéramos cogidos en un cepo.  Es verdad ya estábamos un poco picados por la segunda vara y a pesar de todo el tío Fon y servidora abríamos camino hacia el infinito y más allá a lomos de unas máquinas que se estaban haciendo un poco pestosas.  En esos momentos piensas en las cervezas de más de la noche anterior, de los entrenos que has dejado pasar por dejadez y …..de los productores de “ya lo fregaré mañana” y los guionistas de “cinco minutos más y me levanto” llega: “mañana salgo a correr”.

Un poco más de sufrimiento y llegamos a la parte anterior del bucle (donde el pastor eléctrico) para tomar una senda de bajada que conecta con la anterior del balcón y nos dirige inmediatamente a Biel.  Pero todo a su tiempo.  Antes había que comentar la jugada.  Pertecharse de romanos.  Ajustar los settings y conocimiento fuera.  Un último respiro y un trago de agua antes de enfundarnos los integrales.  Maravilloso olor a choto en el entorno de nuestro parking improvisado.  He visto vertederos más agradables.  30 axilas, 30 pieses, 15 forcachas, de todo en simple y en doble, todo sudado, las camisetas se tenían solas, como la falda de la Reina Isabel de Castilla en sus mejores tiempos, y así las cosas pistoletazo de salida.

Se empieza a ver la vegetación.  Se dirige a nosotros a velocidad cada vez mayor, con lo cual el intrépido y astuto lector habrá adivinado que la velocidad y el riesgo crecen relacionados de manera directa e incluso exponencial.  Es lo que tiene no disponer de masa encefálica, de la gris, dentro del casco a estas alturas de la ruta.  Y en unos minutos empieza el éxtasis. El bosque se cierra, la senda mengua, la vegetación se cierne sobre nosotros y la atención sobre la trayectoria se incrementa hasta no entender đe otro asunto. Con la mirada puesta en las curvas técnicas, los escalones de piedras, las zetas muyyyyyy delicadas, pero sobre todo en una caja de sendero de tierra y hojas provocan que la velocidad y la sensación de flotación maravillosa se torne adrenalina y video-juego, casi una visión. Es largo el tramo, muy vestido y técnico, a veces delicado y exigente, tal vez el mejor de la ruta, pero sobre todo es extasiante y sobrecogedor por la exuberancia y la calidad de la masa forestal.  No envidia a ningún otro sitio, te sientes bien y así se expresó al parar a la salida del sendero. En una zona abierta nos reagrupamos para hacer balance de sensaciones y problemas técnicos antes de llegar con resultado más que favorable. Habíamos descubierto una excelente zona de juegos gracias al Tío Javi -alias El Calas- Por pista llegamos enseguida a Biel y por fin nos desmontamos fatigados, resecos, hambrientos y realmente satisfechos, Un gran día de monte ofrecido por el aborigen del lugar y sus secuaces que habían previsto los imponderables con precisión y que gracias a una magnífica preparación dio como fruto una ruta de 10.

En el aparcamiento no se hablaba de otra cosa, salvo de la futura merienda y poco más.  Cansados, mansos, satisfechos y muy relajados las felicitaciones surgían espontáneamente y todo eran abrazos a la organización y entre los asistentes.  A ver ahora cómo explico yo a los chavales que el modelo a seguir es este, el del sufrimiento y la diversión, y no el de la choni de turno que se forra en la tele sin despeinarse.  O eso creo yo.  Hubo más, pero yo no estuve así que tal vez deba ser otro quien continúe este relato. Hasta aquí puedo escribir y ojalá sirva de de ayuda a conocer una zona espectacular y con cientos de posibilidades para el mundo del btt.  Muchas gracias JAVI CALAS, y a toda la organizanda.

 

¡Qué bien lo pasemos! ¡Cómo disfrutemos! ¿Tú, no estastes?

Saludos desde los senderos, nos vemos en el monte. Soy Tija. Lagar-Tija.

 

DATOS TÉCNICOS. 

Zona Biel-Luesia.  Sierra Santo Domingo.

 

https://www.strava.com/activities/2217656282

También disponible en wililoc.  Estimados colegas del bbtava, no dejéis de investigar la zona.  Una gozada de paseo para día completo a estas alturas del año que todavía no “preta” la calor.  See you, little canal sparrows

 

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LA INVERNAL IV EDICIÓN JACA-STA CILIA

 

LA INVERNAL IV EDICIÓN JACA-STA CILIA -2019-

 

Bon giorno siñorinos.

Aquí, desde la seguridad y la confortabilidad que da el estar bajo el tejao, con calefacción, el alicatao hasta el techo, rodapiés y a salvo de la pandilla de ñus con la que me he juntado este fin de semana, tengo la sensación de haber pasado por una sesión de depilación.  Me encuentro manso, no tengo ganas de más bicicleta.  Como cantaba aquel grupo de heavy metal: “Llevo el ojete rojete”, etc, etc, etc.  No abundo en detalles, pero que os sirva como referencia; un orco como yo se ha tenido que dar crema de manos.  Estaban “aspras”.  Se me estaba atascando la piel por todos los lados y ya sabéis que ahora somos una especie sensible a los estímulos más delicados, por tanto, siguiendo la línea evolutiva debo avanzar en esa dirección y proyectarme hacia el sibaritismo y la primura.  O no.

El frío intenso que nos ha regalado esta segunda semana de enero nos ha “espabiliao” más que a un gato.  No es que en las fotos sonriéramos, no, es que se nos había congelado los pendientes y se nos había enganchado el morro.  –8ºC al punto de la mañana no da para muchas “tontás”.  Y aun con todo allí estuvimos.

Ya os digo, orcos de Mordor, gente de la Ribera del Ebro, Valle del Cierzo, de la cercana Comunidad Catalana, de Navarra, oscenses recalcitrantes, del mismo centro de Jaca, hasta de la zona del Jalón, por no enumerar toda la tipología de elementos no encuadrables en ninguna categoría comprensible al entendimiento “humaño”.  La cuestión es que acudieron a la llamada primitiva de las sendas que se ofrecieron desde la Val d’Aragón con la exclusiva finalidad de conocer uno de los enclaves privilegiados del Pirineo, con la intención de intentar elevar esta zona de Jaca a su máximo exponente en cuestión de enduro jabalinero y tomar conciencia de lo que se estaba trabajando por estos lares, que si bien no se le da mucho bombo y platillo, no por ello es menos importante que lo que se cuece en toda nuestra península (y allende las líneas fronterizas).

Así que en menos que canta un gato y a un par de llamadas de teléfono, se congregó una recua de 35 alicates con bicicleta que no dudaron lo más mínimo en calzarse los calzoncillos de cuello alto y tirarse al monte en brazos de un trío de degeneraos con más ganas de retorcerse por el monte que un bujarra con lombrices.  La confianza ciega es lo que tiene.  Por eso se os aprecia, porque estabais tranquilos y sabíais que os iba a satisfacer.

Hombre, calor, calor, calor, no hizo.  Más bien lo contrario, pero el presupuesto no nos daba para contratar buen tiempo.  Por eso se llama la Invernal.  De hecho en esta Cuarta Edición y con el propósito que os he referido anteriormente, se desarrolló en el entorno de Jaca-Sta Cilia, por sus sendas, por sus caminos de herradura, por su monte, sus cerros, sus cárcavas, sus históricos lugares que seguro han dejado huella en vuestra memoria y como no me he cansado de repetir:  “Que se quede grabado en vuestra retina ese lugar privilegiado, que no se olvide, y luego cuando comentéis lo que se vivió guardéis en vuestro interior esa sensación que identifique la ruta y el lugar, sus gentes y su historia”.

Ahora muchos de los participantes ya han madurado, lo han descubierto porque se han puesto la bufanda sin que nadie se lo haya dicho.  La media de edad (salvo de las mozas) no eran precisamente baja.  Había personal con más kilómetros en sus patas que la cafetera del Virginiano. Buscaban algo más, un toque de calidad, de diferenciación.  Y yo creo que lo han encontrado.  De hecho, el mismo sábado en el punto de partida publicado nos concentramos todos y en un suspiro organizamos los coches para iniciar la ruta. Esto es síntoma de predisposición a lo que se nos vendría encima.  Mucha ansia se respiraba en el ambiente y mucho “pinta” con ganas de meterse los más de 1300 metros de desnivel de invierno entre pecho y espalda.  Así que no hizo falta mucha preparación.  Un par de comentarios generales, una salida con parrilla y semáforo y al salitre.

Pistoletazo y patapúm p’arriba.  Calentando, calentando nos fuimos metiendo al bosque y de allí al Cúculo.  Unos retratos y unas risas, unos comentarios y abrazos (porque el personal pensaba que por subir a lo más alto no iba a sufrir más, jajajaja).  Faltaba más chorizo de lo que pensaban.  Iban a pasar todavía más miedo que si las madres se hubieran instalado el whatsapp en sus móviles para controlarlos.

Así las cosas, llegamos a la pradera después de una vuelta por los cepos.  Y de aquí a la zona baja para llegarnos hasta Atarés.  Hasta aquí cero inconvenientes, nada de accidentes y todo como la seda.  Bien peinados, bien retratados e incluso haciendo poses para salir bien retratado.  Es lo que tiene ser mediático. 

En el pueblo, ya abajo, seguíamos dando instrucciones del tipo: “No os preocupéis, está hecho, falta poco”.  Lo mismo que si Gaudí se compromete a acabar la Sagrada Familia en 2 semanas, 3 a lo sumo. Casi seguro.  Faltaba un empentón para arriba y acabar con una de las maravillas de la zona baja, La Torre del Moro, versión “flow trail”.

Risas, setings, ajustes varios y calzados para la ocasión, había que bajar la senda a ritmo de salsa.  Habíamos hecho muchos km como para despreciar estos senderos entre hayas, vegetación que casi no te permite ver, ramas, lianas, tarzán, monos, (bueno no, que hacía frío), hielo y ……..más trampas que en una película de chinos para aderezar la conducción.  “A sac” que dicen los del Este.  Nervio y ansia y una velocidad infernal senda abajo, sobre las hierbas y el musgo, deslizando más que una coja en el baile.  El control se hacía casi imposible, pero eso era precisamente lo que queríamos, salir de la zona de confort.  Y se consiguió.

 

De hecho, hay una “filmanda” como ejemplo, que ilustra perfectamente lo sucedido.

 

 

 

   Pero esto no fue todo, ya en los coches, en la entrada del Boalar, nos esperaba la “bola extra”.  El grupo se había portado muy bien, había habido 0 bajas, todo en orden, aunque ya había compañeros que lo dejarían aquí.  Habían tenido suficiente o simplemente se bajaban de la bici.  Así que tocaba continuar para bingo con el resto del personal.  No problema.  P’arriba.  Súbete la pista, “esquerosa”, muy pina, con pulsaciones en el reloj que no sabíamos ni contar, pero que no dejaba lugar a dudas.  No podías equivocarte ni queriendo.  Arriesgando las últimas calorías en persecución de la bajada infinita, del Ying, de lo mejor prometido en una bajada apoteósica que dejara un sabor de boca acorde con la ruta y dispuesto así para ser deleitado por los paladares más exquisitos.  Se acabó la pista.  Empieza la senda.  Carrascal, árboles, matojos y broza que incita a subir con esfuerzo, y a estas alturas de la ruta se hace “pestiñán”.  De repente una recompensa.  Justo en el balcón, sobre el valle, sobre las piedras, por el cordal superior el sendero complicado, precioso, muy técnico, los tramos expuestos te obligan a concentrarte en lo que has venido a hacer.  Sufrir.  Ciclar.  Disfrutar.  El aire sigue fluyendo helador, sobre nuestro aliento congelado pero la calor falta en los cuerpos y en las mentes.  Alguno empieza a ver su vida en diapositivas, ya que falta un tramo que desconoce y el coche está lejos.  Se encomienda a Sta Biela de Hollowtech y pide por su alma, mientras los demás se reparten las piezas de su bici, en silencio.  Se busca la última barrita, gominola, isostar o cualquier cosa que quite el dolor.  Ahora que caigo, ¿por qué se llaman anal-gésicos si se toma de manera oral?  Bueno que me despisto.  Estamos a punto de estar a punto.  Del inicio de la bajada.  La integral.  Lujo prometido que todos esperamos.

Un tercer grupo que nos habíamos quedado atrás para cerrar con seguridad toda la manada, inicia el descenso.  Me lanzo como una histérica senda abajo, ciclando con confianza por la caja del sendero, viendo pasar a velocidad absurda la vegetación, los saltos increíbles que están pergeñados sobre el relieve natural, las salidas al aire de forma intuitiva y natural de nuestras máquinas, siguiendo el camino de los taludes y los perfiles de peraltes marginales.  El musgo nos vigila, la humedad no permite muchos ”flirts”, no debes frenar y mucho menos en seco porque te calzas una “órdiga” del tamaño del sombrero de un picador.  Las manos han trabajado mucho, están heladas y aun con todo son necesarias porque el control es más que serio.  (Esto es de perogrullo, porque si no tuviéramos manos con qué nos íbamos a agarrar, ¿con el rabo prensil?).  Pues eso, patatum p’abajo.  Entre ponte bien y estate quieta las trampas en las curvas y el árbol en medio con una piedra que te promete un abrazo magistral para enviarte al hospital sin dudarlo.  Pero qué bien trazada está la caja para volar, correr, disfrutar, gritar y exudar adrenalina hasta rematar con un salto sobre el talud de salida que te dibuja la sonrisa tontuna cuando llegas abajo con los colegas.  Macho ¡qué bien!  Ya tenía ganas de esto, se decía.  Pero…..no habíamos acabado.

 

Faltaba el “half pipe” que dice el punto anglo.  No es nada.  Un tubo dentro del barranco aguarda tras una caída al vacío que inicia la parte final, un desgarro de placer, oiga, increíble zig-zag dentro del bosque encantado, del carrascal infinito, sobre tierra húmeda y hojarasca que protegen al elfo de turno agazapado en busca del biker que tenga un accidente, para así aprovecharse de él y dejarlo como a un Renault 8, y de paso curarle la escoliosis.  Esta es la vida en el bosque.  Dura y de oportunidad, por eso salimos de allí como alma que lleva el diablo y tras un par de saltos y subida por los “margines” la desembocadura final nos aguardaba por la derecha en forma de delta sobre el camino romano.  Chis pum.  Final.  Gozada.  Yo me siento realmente bien simplemente de recordar las caras de todos los que vi salir del bosque para juntarnos dispuestos a la conexión final.  Un auténtico lujo, sonriendo, abrazándonos, dejar fluir toda suerte de piropos a la senda y por ende a los aborígenes que les habíamos llevado.  Insisto, para mí el mejor regalo.  En el momento que salió el último, ya en el Camino de Santiago, un tramo pequeño por camino nos condujo de vuelta a los coches.  ¡Qué satisfacción, de verdad, qué tranquilidad!  Ni un accidente grave, pocas averías, algún susto, pero en general todo correcto.  ¿Se puede pedir algo más?  Creo que es suficiente regalo ver tantos compañeros abrazándose y haciendo el mico por la entrada al Boalar, y por supuesto compartiendo con nosotros su alegría por todo, por haber acabado, por haber hecho una ruta completa, de enduro de verdad, con subidas intensas, bajadas a muerte, tramos de conexión, bajadas por piedras como lavadoras, bosques de carrascal y otros de ensueño, senderos peligrosos y pistas “esquerosas” de conexión aunque totalmente necesarias… y sobre todo la “Bola Extra”, La Integral.

Y esto fue todo lo relativo al sábado, en cuestión de bicicletas.

 

 

El domingo nos fuimos a contemplar la Virgen de la Peña.  De inicio ya por el carrascal prometía ser una ruta bastante exigente.  La verdad es que íbamos “picados” del día anterior, pero con ganas.  Un poco de subida por pista asfaltada y de repente la creatividad nos llevó como por arte de magia a la pista final de subida al merendero.  Maravilloso sendero de desnivel constante.  Una joya.  Como no puede ser de otra manera visitamos la ermita y procedimos a bajar.

Unos cuantos bikers, aquí mismo decidimos bajar por el carrascal y el bosque directamente al Camping porque tendríamos suficiente ya, pero otros sin embargo decidieron aderezar la mañana con más kilómetros y pedal por las sendas y el bosque más próximo a Sta Cilia y al sendero de Binacua. 

Una vez concluida la fiesta y con bastante cansancio en las piernas no quedó otra que ducharse, pasarse el esparto y el fairy y ponerse hecho un “hombresico” para finalizar la jornada a base de una buena comida en El Bosque.

Poco más queda por contar, salvo las cosas que no deben contarse.  Así que disimulen vuesas mercedes si no han tenido bastante.  Con esto y un bizcocho………..no me seais guarros.

 

 

 

Como budista admiro las técnicas zen y la disciplina del tao, por ezo lo hago todo zentao y lo tomo todo con karma.  Me toca digerir todo el fin de semana y recuperar la paz y la tranquilidad.  Me lo he pasao como un crio.  Como dice mi colega: “Os quiero un huevo”.

 

Un placer haber compartido estos días con vosotros, mi agradecimiento personal a aquellos que os habéis esforzado más haciendo un viaje largo desde vuestras casas, al Agüelo, faro y referencia biker de esos jovenzanos que ven lo que les espera dentro de unos años y además lo ven con admiración, a los compañeros de fatigas que a través de amistades o por los medios de comunicación os habéis venido sin ninguna pereza, a la “Presidenta Nora” por la colaboración en la entrega de premios, a los colegas que siempre estáis ahí y a la mínima que se os comenta os apuntáis a un bombardeo, por supuesto a mi grupo habitual con el que comparto casi todos los fines de semana.  Aupa AS CIMAS.

 

Al grupo BTTAVA, que vino a pesar de que casi no había información y no sabían quién era este elemento peligroso que les citaba a una emboscada casi segura.  Fuerza valientes.

Un último bloque de agradecimientos destinado -aunque sea desvelar un poco a una persona que prefiero permanezca todavía en el anonimato- que cree en nosotros y que ha facilitado medios para que esto sea un evento de nivel plus, aportando ese toque de calidad con las imágenes y filmaciones que saldrán y que después serán un lujo para el paladar más exigente, gracias, un fuerte abrazo.  También al equipo de filmación, José Torres e Iván con el dron, al colega Alberto de Sta Cruz de las Seros que se volcó con nosotros de manera altruista, a VacacionesPirineos, que a través de Javier Buil ha sido un éxito clamoroso ya que ha puesto a disposición unas instalaciones de luxe al servicio de los vikingos del Norte con todo lujo de detalles y posibilidades de un nivel altísimo, aunque no hayamos tenido posibilidad de utilizarlas, al restaurante El Bosque, José y su esposa que han tenido paciencia infinita y fuerza para aguantar abiertos hasta que consumimos toda la bebida y conseguí llevarme a estos cierra-bares, al colega Roberto que siempre me echa un cable en la parte técnica y que nos hizo una promo digna de cualquier evento de alto nivel, a Adrián que me acompaña en todas las embarcadas con un nivel de implicación total y que además asume la dirección sin titubeo para que no os descontroléis; alguien tiene que llevar la vara de avellano, a Adrenalina, Diego, por su voluntad para hacer cosas y que aunque desafortunadamente se le torcieran por un problema familiar le deseamos pronta recuperación y le esperamos para la siguiente.

Un fuerte abrazo a todo tipo de pausers con bici de enduro que os gusta el barro y no pasáis una invernal por alto.

 

Para terminar a mi equipo de colegas aborígenes que sirven p’a to tipo de rotos y descoíos, del asunto, trabajadores incansables para el mundo del btt enduro, David y Gonzalo.  Muchas gracias pibes.  Sois la hostia, no cambiéis.

 

Siempre digo lo mismo cuando acaba una INVERNAL:  “No pienso preparar ni una más”.  Luego salgo otra vez al monte y se me olvida.

 

 

 

 

 

Por cierto, ¡qué bien lo pasemos, cómo disfrutemos! ¿Y tú no estastes?

Nos vemos por las sendas, suerte.  Soy Tija, Lagar-Tija.

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Despidiendo el verano

 

Corre, corre, que se acaba.

 

 

Banda sonora, del desorden psicológico y montalbanero del día.  Allá por octubre del año del Señor, 2018, de esta galaxia.

 

 

“Cada vez que me miro en el espejo todas las líneas de mi cara se aclaran.  El pasado se fue, pasó como el crepúsculo hacia el amanecer.  Sé que nadie sabe de dónde viene y hacia dónde va. Tienes que perder para saber cómo ganar.  La mitad de la vida está escrita en las estrellas.  Vive y aprende.  Todas las cosas vuelven a ti. Sueña tú mismo un sueño que se realizará”.

 

Hace días que no escribo una letra y ha llegado el momento de dar por concluido un verano lleno de energía y emociones.  Finalizada esta etapa empiezo la calenda de noviembre.  Llega el cambio del ciclo de la vida y del estilo de bici, también.  Es un placer vivir un día más, poder saborearlo con los amigos, subido en la máquina que tanto me hace sufrir y disfrutar.  Gozar todo lo que podáis, subir lo más alto que lleguéis, no dejéis pasar una pedalada porque no volverá.  El bosque está allí para nosotros, no desperdiciéis un ápice de aire en cosas banales, trivialidades que no aportan nada al espíritu.  Disfrutar como si no hubiera un mañana.

 

He pasado la temporada de verano inmerso en el senderismo, en la Collarada, el Aspe y montañas sin tanto empaque ni renombre, pero que han ofrecido su magnitud plena para deleite de un servidor; también rutas en bicicleta; variopintas, carretera, montaña, enduro, ciclomontañismo, en el fondo me da igual. Y por fin hemos llegado a finales de octubre para rematar el calendario con la ruta que me apetecía realizar.  Por muchos motivos.  El primero de ellos es que necesitaba ver el bosque mojado, sentir la humedad ambiental, el musgo, ese vacío entre las hayas que te promete un poco de frío detrás de la niebla, algo distinto e informe, sin líneas definidas.  El claro-oscuro de detrás de aquella curva, con una caída hacia el lecho del barranco que te lleva directo al torrente, frío y escandaloso, rugir del agua en los saltos de piedra.  Es la melodía más bonita que puedes escuchar cuando recorres mucha distancia y encuentras un paso para continuar tu trecho hacia el destino.  Es “El Paso del Norte”, Pass du Nord, la puerta hacia Biescas.

 

Y hasta aquí la “introito”, la amenazadora y esperanzada literatura que promete volverse “fisna y elegance”.  Error.  Insert coin.  Vamos p’allá.

 

Te cagas por la garrilla el rutón que nos metimos para colofón de: “la temporada de ….subirse las bragas como un store”.  Ya vale de calorín.  Ahora toca ponerse el refajo y los pantalones pretos.  Por eso y como vamos faltos de talento se convocó a la cita a los elementos más espesicos del contorno.  De todo pelaje, oiga.  Aquí aparecieron desde los irredentos bikers que jamás pisarán el asfalto hasta los más versátiles como una servidora que le da igual jota que bolero.  La cosa es salir.  ¿Dónde vais a estar peor que en casa?  Frase mítica del acervo biker.

 

Lo dicho, pim, pam, pum.  A Biescas.  El tío Tanano, aborigen del lugar, a más señas, fue el que nos descubrió, hace ya un tiempo, semejante paso y desde entonces se nos hace la boca gaseosa sólo de pensar en volver a cruzar esos lares.

El Club As Cimas, más bien su sección endulerda, se confabuló a través del “guasap” durante esta semana pasada para converger en el Valle de Tena y aportar 10 de sus más “curiosos especímenes”.  Alguno quedó en la recámara pero no se puede estar en todas, aunque yo sé de buena tinta que estarán rayando el suelo con los dientes, (a mí no me gusta hablar).

Pero a lo que voy vengo, una vez en canción y con los pertrechos ya en el coche, la cosa era hecha.  No había vuelta atrás, aunqueeeeeeeeeeeee tampoco queríamos otra opción.

Día D, hora (tarde para variar) y lugar Escarrilla, porque por falta de tiempo decidimos acortar la zona de Formigal a Sallent por la VP y rodear el pantano hasta llegar a la subida de la presa en Búbal.  Nuestra amiga “Norma Búbal” nos conducía con mano firme por los recónditos vericuetos de la maleza………….¡Bah, ni the fly!……por pista ancha, sarnosa, cuesta arriba, pina-pina que casi se nos sale el corazón por la boca, con rampucias “esquerosas” que nos hacían pensar en un par de kilómetros más y echar pie a tierra.  Gensanta.  Aquello no era un calentón, fue una socarrada.  En las piernas no teníamos venas, eran un pantalón de pana.  Totalmente dilataos (pero sólo de eso, porque alguna cedida ya venía de serie).  No me gusta hablar, pero lo comentaré a vuesas mercedes en otra ocasión.  Total, que quieras que no, llegamos arriba, después de un pequeño lapsus para comentar con un colega del tío Sherpa, encontrado al azar,  la recogida de “pie azul” en una cesta interesante de setas.

 

Bueno, llegamos a la primera cita.  Nuestra cota 1571m del altitud, sobre Panticosa.  Toca bajar.  Ahora es el momento hipoxia, chistes, burradas varias, citas, etc.  Una risión y vestidos de romanos nos disponemos a hacer de las nuestras por la senda.  Es increíble lo bonita que se presenta.  Simplemente la entrada tenía más trampas que una película de chinos: raíces, saltos, piedra mojada que te hacía menearte como la compresa de una coja y un sinfín de maleza agazapada sobre la rocalla viva.  Aberronchaos, ojos fuera de sus órbitas y una bajada digna de cualquier especial de las EWS.  Maravillosa zona poblada y técnica, muy técnica que al mínimo fallo te privaba de poder masticar la carne una buena temporada.  No es por exagerar, no, pero una tollina por esos escalones de piedra y se pelean los dientes por salir de la boca.  Bien de yerbín, bien de roderas y bien de aderezo.  Un placer para los sentidos.  Nuestra almorrana hablaba inglés.  El culo no tocaba el asiento ni para cambiar los pesos.  Eso es lo bueno de estas sendas tan ocultas, que no hay límite, “no pain, no gain”. 

Por fin abajo me miro la camiseta.  Totalmente empapada.  He sufrido y gozado a partes iguales.  Detrás de Javi y Tanano se me ha hecho corta y aun pisando raíces mojadas no soltábamos manillar ni frenábamos más de lo previsto.  Por si las “flies”.

Todo el personal llega sano y salvo a la primera zona de confort.  Algún grito, portería, comentarios sobre la técnica y más adrenalina que una peli del Rocko Sigfredi.  Quitémonos las protes, cambiemos la camiseta y preparémonos para subir por la …. Segunda del Día.

Hasta aquí no hay novedad.  Ahora viene cuando la matan.  Por las rampas de servicio, dirección Asnos, (no es a vosotros, es al ibón) nos quedan un par de mecagüend….en la mochila.  La verdad es que se atraganta.  Las primeras rampas, tiré junto con Miguel “Cirac” y Javi “Fuentes” a la vanguardia, pero parecía más una ladilla que un acompañante.  Justo fui a su lado, justito, justito.  Subieron fuerte.  Al poco Tanano y Fon, Ramiro, Jesús, Adrián, Sherpa, Javi y Manu, en nutrida manada.  Se imponía un descanso sobre la campa soleada.  ¿Descanso?  Poco me parece.  Aquí entra en juego el “jubileta” (según las malas lenguas) y haciendo agua en su mecánica del todo a 100, patilla out, recambio…………..jejejeje.  No problema, nos viene bien a todos.  Unos comentan la jugada, otros nos metemos en el barro a ver a quién se pela y entre unos y otros la sensatez se pierde en menos que canta un gato.

El tío Tarrino, en vista de la situación y dispuesto a todo, después de haber repasado a los ingenieros y otra chusma con la que convivimos, armado con la mochila Mc Guiver se dirige a pegarle un par de repasos a los técnicos que allí forcejeaban entre tornillos y giros de material diverso.  No faltan ánimos de los presentes para ver quién decía la burrada más gorda y entre vas y vienes que al final allí queda zanjado el asunto y puesta en servicio para solaz del interesado.  Bici reparada.  Conectemos el tdt y sintocinemos.  No toques más piezas…Seguimos por el bosque.  Dirección Búbal.

Ahora es necesario escalar por el sendero de Hoz. Maravilloso.  Yo, acoquinao iba.  De un momento a otro esperaba al enano que saltara de la margen del sendero para darme un susto.  Pero no fue así.  El susto me lo llevé yo al pisar una piedra mojada y casi arrearme un órdiga del tamaño el sombre de un picador.  Y entre ires y venires de unos tallos de hayas, porque no son árboles completos sino copas enterradas, nos presentamos en la salida a la pista de Sabocos.  Menudo tramo.  Aquí se suda hasta la goma del calzoncillo.  Duro, duro, duro.  Unas empujadas y ya está.  Sólo es lo que se ve, técnicamente está hecho.  Frasecicas piadosas que se dicen mirando al que está más joio que la pata un banco. Pero no quieres un final sosolaba.  Quieres más.  Y eso te espera.  Tanano en vanguardia, después nosotros.  El personal en tromba y ……..cagontxós.  ¡Pero este tío fabrica coches!  Frase mítica.  Lapidaria.  El tío Tarrino sentencia al Tanano sobre un comentario acerca de la herramienta:  “pretador de válvulas”.  Jodofloro.  Junto al estricador de nalgas, el condensador de fluzo y el yepador de estroncios ya no cabe mayor sofisticación técnica para una bicicleta.  Aquí se rompió el molde.  Pero no pasa nada.  Salimos de esta y nos metemos en otra.  Seguimos en senda.  Toca bajar las zetas de Tripilituero.  No hay mejor senda técnica para asediar, empujar y dejar tu impronta en la mente del vecino mientras le metes rueda en el “ojal” para que corra más.  Impresionante.

No caben más adjetivos a la segunda bajada.  Espectaluznante.  Aún nos queda una subida pero es “pecata minuta” la rampa que queda y puestos a joder, o todos. o pinchamos la muñeca.  Asín semos nusoltros, los payos.

Es un placer llegar al sendero del dolmen, ya en la pradera, bajo Sta Elena,  en el camino de Biescas.  Resta relajarse, disfrutar y dejar que el “Ojo de Mordor” recupere su forma achinada para conseguir llegar al Forato.  Henchidos de fervor biker, unidos en comunión y plenos de espíritu manguán nos abrazamos y …………déjate de tontás, nos fuimos a pedir unas jarras y una hamburguesa de buey que quitaban el sentío.  Impresionante.  P’habernos matao.  No sé si tiene estrellas michelín, pero están que te cagas por la patilla de lo güeñas que las hacen.  Si no te pringas hasta el codo, no disfrutas.  Desde el primer bocao notas como se te van taponando las arterias.  Puro placer p’al colesterol. Oro líquido para las arterias.

 

Menudo nivel Maribel.  Me lo he pasao pipa.  Me he asustado, he sufrido subiendo, he bebido como un camello, luego por fin he disfrutado y compartido con los colegas rozándonos más que una dinamo, en fin, un lujo de ruta y un placer haber hecho una ruta sencillica en cuanto a esfuerzo pero técnicamente completa en una agradable compañía, con un nivel de desorden intelectual similar al mío propio.

Que queréis más, no problemo, no accidentes, todos bien comidos y bien abrevaos.  “Forjados a fuego” que diría “Manu”.  En breves habrá novedades.  No os quedéis en casa.  Salid.  Embarraos.  Y sobre todo disfrutar.

Suerte a todos.  Nos vemos en las sendas.

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Mae mía qué caló jase. Impresiones.

 

La escapada de Robert.  Fase I.  La derritencia.  

 

También habrá gente que la llamará salida del club y tal, pero había algo más.  Notas que ya hace calor cuando te subes las bragas y se te enrollan como un store.  Pues igual.  El día de salida …………… Ah, perdón.  Empiezo por el principio:  Roberto invitó al personal a la preparación de la primera etapa de la “Escapada de Robert” y allí que vamos, pero, todo a su tiempo.

Este es el asunto.  Salida del Club. A partir de aquí, presentaciones de los que no nos conocíamos, saludos al respetable, vuelta al ruedo y foto de “rigor mortis” porque no sabíamos la que nos esperaba.  Los redichos comentan en la radio:  “El mercurio subirá hasta los 40º C.  Namierdacomounpianodecola.  Yo no he pasado tanto calor en mi vida, bueno, y en la vuelta por Ascara y el otro lado del río, cuando llegábamos por Abay donde ya le comenté a Eduardo que esto era más largo que una meada en moto y pensé que me moría varias veces.  Polvo, viento, niebla y mar y donde hay agua una güerta.  Si ya lo decía el Abuelo.  Pero a lo que voy vengo.  Os paso una serie de impresiones que tardarán en borrarse de mi memoria porque las llevo grabadas a FUEGO.

El día D.  La hora de salida a las 8.00 am muy apropiada para los comentarios, abrazos y saludos, fueron el preámbulo de una salida que se tornó, épica.  12 ciclistas y una ruta.  Buen grupo.  Yo no sabía hasta dónde llegaría porque estaba más quemado que la moto de un hippie.  El día de antes de fiestas por mi pueblo parecía un click de famobil, con la mano puesta, preparado para coger todas las ámbars que me pusieran a tiro.  Por eso miraba de reojo y suspiraba por una escapatoria digna.  Amén de que ahora que ya no sirven las disculpas, puedo confesar que es duro rodar con una costilla rota.  Pero eso de las excusas es para los mariquitas y sopladores de almohadas, aquí se viene a hacer bici …o yo qué sé.

 

No se puede pedir más.  Ambientazo y buen rollo biker para empezar la salida.   La vuelta se inicia por la falda de Oroel y en las dos primeras rampas imbuido por la belleza de la subida y los vapores etílicos ya vi varios santos, la corte celestial, el palomo  y más.  En una palabra que se me quitó la bobada en menos que canta un gato.  Y como ya sabéis de la belleza del cordal, desde Fontazones a Sesún, pasando por Pereretas para bajar desde la punta dirección Torre del Moro ya prometía la cosa que iba a pintar de 10.  No hay mejor entorno.  Desde casa a tiro de piedra.  Aquí subes a entrenar hasta con los críos porque el paisaje es increíble, la bajada muy asequible y el nivel de btt al alcance de todos los gustos.  Bien es verdad que desde la punta hacia la depuradora es distinto de la dirección que tomamos hacia Atarés . Ésta gusta un pelín más al endulerdo, cosa que se agradece en mi caso, puesto a generar adrenalina.  No es mal inicio.  En la trialera de Atarés que te lleva a la pista ya te vas poniendo furo para lo que se avecina, aunque después al entrar en la senda de la Caseta está razonablemente bien preparada como para que aterrices en la crta de Atarés con una sonrisa amplia “de la que te muerdes los pendientes”.  En esta cavilaciones estábamos cuando entre ponte bien y estate quieta me veo subiendo por la bajada natural del Boalar.  Yo no lo había hecho por allí nunca de subida, pero reconozco que se hace bastante bien y salvo un par de tramos que pintan chungos para ciclar (habrá bestias pardas que lo suban, seguro) es muy asequible y desde luego inmejorable para subir resguardado del sol.  Ya sabéis cómo somos los de aquí.  Mira qué pared.  Buah chaval, eso lo hago yo con la punta de… en fin.  Pues eso que pasan los años y tengo la sensación de que voy fermentando en lugar de madurar.  Qué gozada bajo los árboles.  Luego de coronar el paisaje no te deja indiferente, la senda se vuelve técnica y el valor de lo ciclado es pura armonía.  En pocos lugares se conjuga tan bien la técnica, con el paisaje y para aquellos que tenéis vértigo no olvidéis que se os va a meter la lycra por donde acaban los riñones ya que si os esbarráis un poco podéis sufrir el abrazo del boj.  En cualquier caso un sitio maravilloso, poco accesible y de gran valor para los amantes del monte.  Una joya en bruto, embrutecida, sin tallar.  Todo se andará.  Ya veréis, ya.

Ah!  Passsa pues.  Que toca bajar.  Jejejeje.  Mira macho, déjame un hueco que yo si eso ya eso.  No me calzo las protecciones, vamos de paseo y será una bajada suave.  Sí, sí, sí.  Empiezo por la senda bien marcada sobre una caja de sendero limpia y clara.  En el bosque.  Bajas, un poco más, un poquico más, ya voy bien, ahivá qué rápido ha pasado esa carrasca, miraunacurvaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahostiaquéjusto, bien, sigo, sigo, un poco más.  Mecagóntodoquéperalte más guapo, me subo por las paredes de manera que caes por la misma gravedad sobre la trayectoria y………….¿no llevaba las protes? Bueno que le doy otro poco más.  Impresionante, se me hace el culo pesicola.  Ya la cosa se pone seria y empiezas a pensar en que no has calao los settings para hacer el aberroncho y vas más encendido que un cura por Martillué.  Total a lo que voy que entre una cosa y otro estamos encenegaos hasta las trancas, a velocidad terminal y de repente de la nada un salto que me hace perder la estabilidad sobre las ruedas.  A mí no me gusta hablar pero se me puso el culo como si me hubieran metido un supositorio de limón.  Si Dios hubiera querido que voláramos nos habría dado alas.  Vamos a morir todos, mantengamos la calma, son 4 curvas más y llegamos abajo.  Para colofón la salida digna no puede dejar mejor sabor de boca, gritando como histérico a ritmo de salsa vuelvo a disfrutar como un cochino en charca. ¿ Y de los dolores?  Pues no sé, la verdad.  Ahora a un tubo muy marcado que no da pie a error así que a trenecito salimos al camino romano.  Esto es vida, esto es una ruta y esto es nivel Maribel.

Perooooooo estoy dudando.  Empiezo a notar dolores hasta en el aliento.  Voy justo y además algunos compañeros también comentan que se puede utilizar la escapatoria, así que nos vamos a Santa Cilia, nos refrescamos en la fuente y nos despedimos todos para volver a quedar y comentar la jugada.  Total, que así fue.  6 elementos continuaron, los más recios, y 6 nos dimos la vuelta hacia casa por las pistas del lado derecho del Aragón.

Qué os voy a contar, fotos, bromas, risión y una mañana echada que no vas a cambiar por nada.  Eso que sufrí a la vuelta por “la caló”.  Pero es lo que tiene el verano.  Otro día continuaremos con la segunda parte de la ruta porque promete tener menos desperdicio que las almóndigas.  Y de eso se trata de salir, beber, el rollo de siempre, meterme cien rutas charrar con la gente…  Y como siempre al final, llegó el final y cayeron las jarras y la portería se hizo carne y así entre ponte bien y estate quieta que llegas manso a casa y como un guante.  Yo creo que esto tendría que venir por la seguridad social.

 

 

Un placer coincidir en esta salida con un puñado de buena gente, muy buen nivel biker y un monte que por cien veces recorrido se queda para la siguiente vez por no poder acabar toda la tarta en una sola sentada.  Hoy hemos hecho duathlón, que tampoco es mala baza.  Acabar en las Nieves no es mal colofón, ni mucho menos.

 

Nos vemos en las sendas.  Un saludo de Tija, Lagar-Tija.

Pdta.  La versión buena la tiene el tío Roberto en su post.  Allí veréis lo que es bueno. 

 

 

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